Mis 7 libros de 2016


Una serie de catastróficas desdichas. Bueno, no tanto.
Pero 2017 empezó un poco raro para mí.
Tengo el coche en el taller desde hace más de quince días. Me lo están curando. Como “coche de sustitución” conduzco el de ·#elheredero. Es un deportivo monstruosity que gasta mucha gasolina y que hace que #elbloggerconsorte resople cada vez que lo escucha.
Hace dos días mi Mac decidió, por cuenta propia, dejar de funcionar. Así que ahora escribo con la tablet y el teclado.
El niño con superpoderes se fue el lunes pasado, unas 12 horas antes de que yo empezara un turno un poco raro.
Pero si hay algo que me alegra a mí, son los libros. Desde que tenía 6 años, cada vez que estoy triste, leo. Así que aquí va mi lista de los 7 libros que más me gustaron en 2016. Quería haberla publicado hace días, pero estuve muy entretenida con la “serie de catastróficas desdichas”.
No son libros muy sesudos, pero para mí tienen algo especial todos.

1. “Chavs”, de Owen Jones. 


Cuando vivía en Wolverhampton (Inglaterra), vivía en un barrio de pakistaníes y “chavs”. “Chavs” es un término que nació en la época del gobierno de Margaret Tatcher. Es una definición despectiva para “demonizar” a la clase trabajadora.

Owen Jones explica, bien clarito, cómo la clase trabajadora pasó de tener el visto bueno de la sociedad británica a estar apaleada (más o menos).

Yo, no obstante, considero que los “chavs” son claramente reconocibles y no enmarcan a toda la clase trabajadora de Reino Unido.

“Chav” era un vecino que tenía yo que se pasaba el día bebiendo en el jardín y tenía como seis hijos. Solía vestir chándal y una gorra horrible y se alimentaba, básicamente (por lo que yo veía), a base de Doritos y Coca-Cola y cerveza “Carling”.

Son algo así como “los chonis” en España (“calorros”, creo, dicen en el sur).
No obstante, según Jones, esa imagen ha sido aprovechada por medios de comunicación y políticos para denostar a los trabajadores y tacharlos de ignorantes, marginales y parásitos.

Muy recomendable para todos los que se sientan trabajadores y para todos los que se creen “clase media”.
2. “La lección de August”, de R. J. Palacio

 

Este es un libro juvenil. O no. Es la historia de un niño que sufre el síndrome de Treacher Collins (no se dice explícitamente en la narración, pero se da a entender por las descripciones). August tiene la cara deformada y ha estudiado en casa durante toda la Primaria. En el último curso, decide ir al colegio.

Es una historia sobre superación, amistad y maternidad y paternidad responsable. También de la gente buena y la gente mala que hay en el mundo.

Yo lo leí después de que el niño con superpoderes se fuera en verano y me dijera, muy contento y por “Skype”, que echaba de menos a sus amigos españoles. “Por fin tengo amigos españoles, ¿viste ma?”.

Así que es un homenaje para todos los niños que son diferentes, que se aceptan. Y para los mamás y los papás de niños diferentes o de niños que están educados en la igualdad.
Muy recomendable para todos los niños (casi adolescentes) que lo estén pasando mal por no “encajar”. Y también para sus familias.

3. “84, Charing Cross Road”, de Helene Hanff.

“It’s a pearl”, me dijo la señora que trabajaba en la biblioteca de Bristol donde cogí por primera vez este libro. Y tenía razón.

Es una perla. Una joya, que diríamos en España. Es la correspondencia que mantuvo Helene Hanff con la librería Marks & Co, en la calle Charing Cross Road de Londres.

Si alguien está esperando por una historia de amor a distancia, que se olvide. Es un relato sobre la amistad y sobre el cuidado para que las relaciones permanezcan en el tiempo. Lo que más me gusta es la definición de los personajes (especialmente de la propia Helene Hanff) a través de las cartas.

Fue el primer libro que leí en inglés. En castellano lo tengo desde hace tiempo pero el año pasado, en Edimburgo, encontré una edición de bolsillo súper guapa. Me emocionó mucho. Soy de venirme arriba con una facilidad que pasma.

4. “La guerra no tiene rostro de mujer”, de Svetlana Alexiévich.

Por motivos personales, me interesa la obra de la escritora bielorrusa Svetlana Alexiévich. El #bloggerconsorte tiene todos sus libros. Yo no consigo leer algunos, por duros, como “Voces de Chernóbil”.

Con este lo intenté y lo leí. Es la voz de las mujeres que combatieron en la segunda Guerra Mundial. Y se nota que lo cuentan mujeres. Porque (le duela a quien le duela) hay emociones, detalles y momentos que pasan totalmente desapercibidos para los hombres. Y que a las mujeres se nos graban para siempre.
Algunos relatos, escenas, me resultaron demasiado duras. Pero debería ser obligatorio leerlo. Así que recomendado para todos.

5. “Alta fidelidad”, de Nick Honby

 

Había leído “Alta fidelidad” hacía mucho tiempo. Pero no tenía el libro. Así que este año me lo compré en una edición de bolsillo bastante chula.

Yo es que no sé mucho de amor y no entiendo mucho de música, pero me gustan las dos cosas.

Al protagonista, Rob Fleming, le pasa igual con lo del amor. De música no, de música sabe un rato. Así que este libro habla de amor y de desamor. Y de cómo se cura cada uno cuando le toca.
Para los que no les guste leer, he de decir que la película (dirigida por Stephen Frears) le hace mucha justicia. De hecho, yo creo que es la única historia que me gustó casi igual en la pantalla que en el papel.
Recomendado para los que lo están pasando mal por una ruptura.

* Por cierto, que no es nada pastelosa, hasta #elbloggerconsorte lo leyó. Y (casi) sin torcer el gesto.

6. “Ansiedad”, de Scott Stossel.


Esto no es un libro de autoayuda. De hecho, odio los libros de autoayuda porque dudo mucho que la solución para todas las personas pase por las mismas páginas.

Es un ensayo sobre la ansiedad y lo escribe Scott Stossel, un periodista que lleva peleando contra la enfermedad desde que es un niño. Es editor de “The Atlantic” y padece ansiedad generalizada (creo), además de fobia a volar, fobia a vomitar y algo parecido a la agorabobia (miedo a los espacios abiertos).
Lo probó todo antes de escribir el libro y nada dio resultado. Creo que escribir el libro tampoco pero, al menos, hizo un buen trabajo.
Sólo los que padecen o han (hemos) padecido ansiedad podrán entender de verdad lo que cuenta Stossel. Leí el relato de su boda con una mezcla de risa, angustia y pena. Su cóctel de ansiolíticos y alcohol para subir a un avión me hizo reirme a carcajadas, pero sólo porque sé lo que es el miedo a volar.
Así que, si no estás curado de espantos, no lo leas. Porque vas a pensar que el hombre está totalmente loco. Y no, no lo está.

7. “#madresarrepentidas”, de Orna Donath.

Mis sentimientos hacia este libro son encontrados. Pero tenía que ponerlo aquí porque, de verdad, es el que más me ha hecho pensar.

La escritora israelita Orna Donath es la autora de este ensayo sobre la maternidad. Y cuenta con testimonios de madres de todo el mundo que sí, señores, están arrepentidas. Es una inyección letal contra el “madreísmo” actual, contra las madres entregadas. Habla claro sobre los estereotipos, la idealización de la maternidad y el sentimiento de culpa.
Yo creo que describe, sin pretenderlo, el “boom” de los blogs de maternidad. Porque leyéndolo me di cuenta de que las mujeres se sienten muy solas durante la búsqueda del bebé, el embarazo, el parto y la crianza. Aún cuando están rodeadas de gente.
No sé si se lo recomiendo a las futuras mamás o a las que se lo están pensando. A mí no sé todavía si me hizo bien o mal.
Y otros tres para llegar al top ten, que leí a finales y no sabía si eran de 2016 o 2017:

‘Donde termina el arcoiris’, de Cecilia Ahern.

‘Instrucciones para una ola de calor’ , de Maggie O’Farrell

‘Tomasín. En lugares salvajes’, de Eduardo Lagar

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