Héroes

img_0245

 

Cuando Hache, el niño con superpoderes llegó a nuestra vida, yo no creía en los héroes. Había perdido la fe en la bondad y hacía tiempo que no escuchaba las promesas. Nadie las cumplía.

Y mira que me había costado dejar de creer en las personas.

Nací en un pueblo pequeño que no es un infierno grande. Todo el mundo se conoce y la palabra es sagrada. Si caes y te abres una brecha en la cabeza, tienes al momento a veinte vecinos limpiándote la sangre. Nadie se marea cuando otro está sufriendo.

Fui a un instituto en el que, que yo sepa, nadie hacía bullying. Os prometo que, hasta los más macarras, eran buena gente. De verdad. No recuerdo haber visto a ningún chaval en situación de desamparo. Había broncas e insultos, sí. Pero solíamos arreglarlo en el patio.

Un instituto “de pueblo”, en la mejor de las acepciones que puede tener “de pueblo”.

Reconocí la misma bondad en los compañeros que tuve en la universidad. Y mantuve la fe, incluso, cuando las cosas se pusieron más serias.

Pero, si algo tuvo de horrible mi vida adulta, fue tener que aprender a hostias lo que no había aprendido yo por las buenas: que no hay héroes.

No. Sufrí durante muchos años. Hasta que acepté que yo había sido una niña y una chica con muy buena suerte.

Y que, ya ves, la vida está plagada de hijos de puta personas no tan buenas como las que yo había conocido.

Fue un aprendizaje duro. La asignatura que más se me atragantó. Con temarios complejos como “los buenos no son tan buenos” o “todo lo que le digas podrá ser utilizado en tu contra”.

Nadie me había hablado de la “agenda oculta”. Una agenda oculta es ese conjunto de ambiciones que (casi) todos tenemos. La escondemos todos los días para que nadie se entere de lo que hay ahí escrito.

Esa agenda oculta es la que decide las acciones de las personas. Cuando te domina, cuando escribes más de lo que deberías, te conviertes en el hermano trasnochado de Alex DeLarge.

njrvpelirbzve

Yo no la tenía entonces y creo que ahora tampoco la tengo. Porque en mi educación nadie me habló de la agenda oculta y no acostumbro a esconder ambiciones. A mí me enseñaron que esfuerzo=resultado.

Pero, después de haber jugado en La Arena de “Los Juegos del Hambre”, descubres que no. Que esfuerzo=resultado o esfuerzo=sigue chupando rueda.

El descubrimiento de que en el mundo hay muchos hijos de puta personas que no son tan buenas como las que yo había conocido, de la agenda oculta, de La Arena de “Los Juegos del Hambre” y de unos cuantos hermanos trasnochados de Alex DeLarge, me habían convertido en una persona completamente distinta.

Así que ahí estaba yo. Sin una pizca de fe ya en la humanidad. En el aeropuerto, esperando a que llegara un niño en un avión desde Oriente.

Y fue la espera más larga y más corta de mi vida.

Larga porque entonces se me hizo eterna. Corta porque ahora sé que lo que estaba por llegar era demasiado bueno para hacerlo con prisas.

Llegaste, Hache, y nos desarmaste.

Porque tú conoces la peor de las agendas ocultas que puede tener una persona. Y, aún así, respiras.

Porque tú llevas toda tu vida en la puta Arena, y sigues en pie.

Porque tú has visto más hermanos trasnochados de Alex DeLarge de los que veré yo en mi vida. Y no les tienes miedo.

Has pasado por lo peor. Y siempre sonríes.

Es el Día Universal del Niño. Y yo sólo veo un niño en el universo.

El mejor, el que me hizo volver a creer en las personas.

El héroe de esta historia.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s