No seré cursi

No seré cursi. Lo voy a intentar fuerte.

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Pero es que, cuando hablo del niño con superpoderes, se me va la mano. Los hay que me perdonan el atracón de azúcar que vierto en cada letra. Y los hay que no.

No seré cursi porque no lo he sido en todo el verano. Ciñéndome a la verdad estrictamente, he pecado de poco cursi.

Me he pasado varias semanas de mi vida rogando por un poco más de libertad.

Que sí, que quiero mucho al niño con superpoderes, pero es que me apetecía hacerme un selfie sola. Sentarme a ver “Crímenes imperfectos” cada mañana de descanso. Ir de sidras. Comprar más shorts. Ir al cine. Acurrucarme en el sofá.

A esa ansia de libertad mía se unió el hecho irrefutable de que Hache, el niño con superpoderes está ya cerca de ser el Hache, el adolescente con megahormonas. Y no pinta bien: pinta que será el típico adolescente que te dice que llega a las 12 y llega a las 2. El que te trae a los colegas a casa y se tira cinco horas sin pestañear frente a la XBOX. Pinta que se va a enamorar de alguna zagala que me lo va a desequilibrar.

Vamos, que pinta que será como yo (cambia XBOX por “Friends” y zagala por zagal).

A mediados de agosto, sufrí una taquicardia con un “Muy buenas, criaturitas del señor” de El Rubius. Invitado estrella este año, aquí, en nuestra santa casa. Atrás nidito de amor hipster. Mucho mucho atrás, lugar de peregrinación para muebles cucos sin miedo a un ataque de Choco Krispies.

Así que con este baile hormonal del niño con superpoderes a la comparsa  de mis ganas de ver “Crímenes imperfectos”, no me extraña nada que yo misma relegara el blog a un segundo  cuarto plano.

No seré cursi, voy a ser realista. Hubo días de auténtica pereza, de verdad. De preguntarme si yo podía hacer esto. Si los cálculos no me habrían fallado. Si yo, a mis supertiernos 35, estaré preparada para educar a un chaval de 15. Y no un chaval cualquiera, un chaval con superpoderes.

No hubo (que os veo venir desde lejos) ningún arrepentimiento, ni una sola duda sobre la presencia del niño con superpoderes (coming soon adolescente con megahormonas) en esta casa que, ahora, también es su casa. Para lo que quiera.

No seré cursi, sólo un poco. Hache, no ha sido el verano más fácil. Sí ha sido, como siempre, el mejor verano del mundo. Te prometo que somos tu familia cuando quieras. Y mira que yo bebo a tragos largos y camino con pasos cortos para no tener que prometer.

Será que pocas promesas me han cumplido. Será que cada vez que escucho un “te lo prometo” algo se me rompe dentro, porque las palabras duran nada.

Yo sí la voy a mantener. Porque tú, Hache, eres mi única promesa.

No seré cursi.

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