Meraki

Meraki

Meraki es la palabra que me cambió la vida.

A los veintipocos años yo era una persona de venirse arriba con facilidad. Y de venirse abajo a la velocidad de un avión que se queda sin motores.

En un momento de “venirse arriba”, me fui a vivir a Grecia. Busqué trabajo en una página de aupairs que entonces era lo máximo y encontré una familia que parecía maja: una niña de cinco años y un niño de dos. Madre con raíces españolas y padre griego, griego.

En quince días estaba en el avión. En mi cabeza aquello iba a ser un sueño griego. Una vida llena de frappes, de tardes por el Partenón y de noches por Monasteraki.

Pero no. A los veintipocos años, las cosas nunca son como te las imaginas. A los treinta, para desgracia de todos, ya sí.

No tardaron en fallarme los motores y me caí a unos cuatromil pies por segundo. Una tarde me senté en un muro con un estudiante griego. Simo, un chaval que quería aprender español y que me ayudaba a aprender griego.

Lo del idioma no lo cogí rápido, pero a los dos días de estar en Atenas yo ya era tan emocional como Helena de Troya. Así que allí mismo, en el muro que quemaba, me atraganté con las lágrimas y empecé con una retahíla de lo infeliz que era yo: que si acababa de terminar una carrera y la había aparcado para viajar a Grecia, que si ahora sólo cambiaba pañales cagados y me dedicaba a jugar a casitas. Que si eso no era lo que yo quería, que si me iba, que si me quedaba.

Y entonces surgió, de la boca de mi compañero de estudios, la palabra mágica: meraki.

Si lo buscas en Google, verás que los españoles la traducimos como “hacer las cosas con amor y creatividad”.

Es más que eso. Para los griegos, meraki es poner una parte de tu alma en cada cosa que haces: en tu relación de pareja, en tus estudios, en tu trabajo.

Porque meraki, me dijo Simo, es lo que te hace diferente. Lo que te hace vivir con pasión, con ganas. Lo que te pone en pie cada mañana.

Intenso, sí. Mucho.

Pero verdad.

Desde aquel día no volví a jugar a las casitas sin poner una parte de mi alma en la interpretación de la trama. No volví a cambiar otro pañal con asco. Era mi trabajo, era mi vida. Y podía dejar algo de mí en esos niños.

Me fui y no volví a verlos nunca. Supongo que algo de aquel meraki tuvo que quedar allí.

El meraki me lo llevé conmigo. Y me ha salvado. Ha evitado y evita que tire la toalla.

Porque, si sabes que vayas donde vayas pondrás una parte de ti, las vueltas del destino te importan poco.

Echo mano del meraki en cada mañana aburrida con Hache, el niño con superpoderes. En cada llamada a cientos de kilómetros, en cada día complicado que surge para su vuelta a casa.

También en el trabajo. Porque ser periodista sin darle meraki, no tiene sentido.

Conste que hacer las cosas con meraki es aplicable a todas las profesiones. Dejé una parte de mi alma en esos críos que cuidaba en Grecia y que muchos días me volvían la cabeza loca. Dejé una parte de mi alma cuando me mudé a Madrid y trabajé en turismo. Dejo parte de mi alma en muchos textos que escribo. No en todos, porque dejar el alma en lo que haces lleva un tiempo que no siempre tengo.

Meraki. Es lo que te salva. Lo que te hace feliz aún cuando las cosas se ponen feas. Es la razón por la que nunca has perdido el tiempo. Lo que hace que nunca trabajes en balde, que nunca te enamores para nada.

El meraki despide aspiraciones, porque si pones un poco de ti en todo, es muy difícil que puedas escalar. Porque, cuando lo que haces lleva algo tuyo, es imposible que te guíe algo más que la justicia. Y lo justo no triunfa.

Ahuyenta la espera por las recompensas, ni divinas ni humanas.

Porque tienes ya la mejor recompensa que existe: saber que lo hiciste lo mejor posible. Tan bien, que has dejado algo de ti.

Meraki es la palabra que me cambió la vida.

6 comentarios en “Meraki

  1. Sil.Marcianadas. dijo:

    Me ha encantado, y lo has explicado tan bien que casi resulta imposible no quedárselo. Yo leí hace unos años el Tao, y creo que el espíritu es parecido. Me cambió la forma de vivir y ver la vida. Enhorabuena por tener tan buen motor.

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  2. Gildardo López Reyes dijo:

    Esto te lo leí cuando lo publicaste, pero no recuerdo por qué no te lo comenté si también me ha gustado mucho, como todo lo que escribes. Ya tenía mucho sin venir, veo que no hay nada nuevo, lo que significa que estarás ocupada.
    Te dejo un abrazo.

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