No te mueres, te mata

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No te mueres, te mata.

Sí, ese chico tan majo que conociste un día que no esperabas conocer a nadie. Ese que te dijo que eras la mujer más guapa que había visto en su vida. Y ese que te hizo confiar en todo lo que tú no confiabas. El que te hizo olvidar la pena, te besó como nadie te besaba.

Te mata con abrazos que tienen impuestos, aunque tú no los pagues ahora. Con un susurro que grita “no es que tú valgas, es que yo te hago valer”. La mano que te agarra, pero con condiciones.

“Estaré aquí siempre”, te dice. El eco en la habitación, ese que tú no escuchas, responde “pero tú serás mía”.

Te mató un poco hace dos años, esa noche que no te dejó salir con tus amigas. Y eso sí te sentó fatal, y tú se lo dijiste. Porque, en tu relación, las cosas se hablaban.

Pero él te lloró que sin ti no era nada, que no podía seguir si no estabas. Y tú callaste.

Le dejaste vigilar tu armario, porque él no quería que nadie viese más de la cuenta. “Que todo lo que hay en ti es mío”, te dijo.

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Porque eso pensaste tú que era el amor. Que él no pueda vivir sin ti. Y que te lo diga. Y que amenace con matarse si le dejas.

¿Cómo iba a hacerte daño a propósito? Si te quería más que a su vida.

Pero hace tres meses te lo hizo. Cuando te vio frente al espejo tapando el ojo morado, lloró y pidió perdón. Y tu tapaste con corrector las heridas del alma. Porque vomitaste lo que pasaba, más que digerirlo.

Y le abrazaste, y le prometiste que no le volverías a enfadar. Ya no tanto por amor, como hiciste tras el primer golpe, como por miedo.

Porque llevas semanas con el estómago encogido, pensando en qué será lo próximo que le hará enfadar.

Y haces todo bien, pero nada está perfecto. Siempre hay algo mal.

Y todo estalla.

Como el otro viernes, cuando llegó a casa tan borracho que se enfadó porque estabas despierta. Y te zarandeó, y te tiró de la cama. Y tú lloraste toda la noche en el sofá.

Estás sola, eso piensas tú. Pero no es verdad.

Vístete y abre la puerta. Llama a una de esas amigas que hace dos años que no ves, desde esa noche que él no te dejó salir. Grítale lo que te pasa, pide ayuda.

Tus padres lo vieron venir. Pero no tengas miedo, nunca te lo repetirán. Tú sólo vete a casa y diles que vuelves.

Denúncialo. Cuéntalo sin miedo. Y si te ponen un estigma, lúcelo con orgullo. Valiente, que viviste.

No eres tú, es él.

No te mueres, te mata.

 

 

Mi nuevo blog: deloquenoestaescrito.com

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