Malas madres

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Malas madres.

Malas madres que empiezan el día de mala gana cuando suena el despertador. Que planchan unos vaqueros y unos mini vaqueros mirando el reloj porque ya empiezan el día quince minutos tarde.

Malas madres que despiertan al niño sin contemplaciones. Y, si se hace el loco, le  pegan con la almohada para que espabile.

Y le gritan que haga la cama, mientras ellas intentan hacer la suya con una sola mano.

Malas madres que no discuten por el desayuno. Los “Chocos” existen porque el día empieza mejor con una sonrisa. Y ya está.

¿La fruta? Para media mañana, que el cuerpo ya se toma mejor las malas noticias.

Malas madres que tienen que separarse de su hijo, pero saben que lo tendrán presente todo el día. Que si el teléfono suena, ellas vuelan. Que si el niño cae, ellas lo levantan. Aún sin horas para llegar a tiempo.

Malas madres que se reencuentran con su hijo ya casi de noche. Y esperan por un abrazo a la intemperie aún cuando llueve. Y que animan al niño a correr entre los charcos. Para eso están las botas de goma.

Y los charcos, lo saben las malas madres mejor que nadie, están para saltarlos. Para salpicar, para terminar mojados de pies a cabeza.

Porque llegar a casa es mejor cuando te espera un baño y un pijama caliente.

Malas madres que dejan jugar en la bañera. Hacer pompas de jabón y reírse atrapándolas.

Malas madres que terminan algún día que otro con un chute de “Dalsy”.

Malas madres que consideran instructiva una excursión a un estudio de tatuajes para que el niño aprenda al labor de las agujas. Que le preguntan dónde quiere ponerse un piercing cuando cobre su primer sueldo. Que le animan para que sea maquillador, porque al niño le gustan las rayas negras que se pinta mamá en los ojos. Y los labios rojos, que dejan todos los días marcas de amor en la cara.

Malas madres que no le dirán nunca a su hijo “estudia medicina, que eso tiene futuro”.

Porque saben que el futuro sin pasión no es futuro. Que el presente sin ganas es peor que estar muerto.

Malas madres que no tienen vergüenza. Que destierran a “Los Suaves” para que suene bien alto Abraham Mateo cuando conducen. También mientras cocinan lo poco que saben preparar entre fogones. Que, si hace falta, dejan la sartén y se marcan una coreografía para “Señorita”. Aún con las ventanas abiertas y las cortinas sin correr.

Malas madres que no ponen horarios. Que se descuidan y descubren al niño visionando cualquier programa de “Boing” a las once de la noche. Que se lo llevan a la cama y, sabiendo que es tarde, le cuentan una historia. De dragones, de princesas, de fontaneros.. De lo que el niño quiera.

Y entre risas y cuentos,  siempre terminan a las tantas.

Malas madres que compran a su hijo espadas láser, le construyen armaduras, pelean por vestirlo con sudaderas de Darth Vader. Que no escatiman para hacerse con una capa de Superman.

Porque las malas madres tienen la esperanza de que su hijo aprenda la mejor lección del mundo: que la ilusión siempre será su mejor amiga.

Malas madres que aguantan reproches, miradas, broncas de bocas agrietadas y entreabiertas.

Malas madres que, afortunadamente, nunca serán buenas madres.

 

Puedes seguirme en mi nuevo blog: www.deloquenoestaescrito.com, que está muy mono!!!

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