No nos vamos, nos echan

El "Pupkin Spice Latte" que Marcos rotuló para mí.

El “Pupkin Spice Latte” que Marcos rotuló para mí.

No nos vamos, nos echan. Te lo digo a tí, Marcos.

Marcos es un chico que trabaja en un “Starbucks” de una céntrica calle de Dublin. Lo conocí hace unos días.

Sólo compartimos cinco frases, entre el trajín que siempre acompaña a cualquier transacción en el “Starbucks”. Pero con esa breve interacción supe enseguida, Marcos, que tú no te fuiste. A ti te echaron.

Marcos es de Asturias. Y Marcos tiene una licenciatura, un grado, llámalo X. Pero Marcos se levanta a las ocho para servir “Pupkin Spice Latte” calientes a centenares de dublineses. Todos los días.

-¿Eres español?-

Se lo pregunté porque sólo un español sabe escribir bien mi nombre en “Starbucks”. Me sorprendió ese “Carmen” tan redondo, sin una “K” fuera de sitio, sin doble “M”.

-Sí, de Gijón-

Y entonces llegó la conversación obligada entre dos asturianos que se encuentran en Irlanda: la sidra, el cachopo, la cerveza, el coddle, la lluvia y Ryanair en Santander.

Pero no sé que te pasaba ese día, Marcos. No sé por qué no te conformaste con eso. Aceleraste de cero a cien, de lo banal a lo profundo.

En una sola frase, desmontaste esa falsa normalización con la que nos enfrentamos los que estamos aquí a los emigrantes.

Sin pregunta previa, sin introducción:

“Estoy un poco harto de esto -me dijiste, abarcando con el brazo tu dominio de vasos de papel, tapas de plástico y canela en dispensador- pero, por lo menos, aquí tengo un trabajo”.

No nos vamos, nos echan: “Por lo menos. aquí tengo un trabajo”.

Una descripción tranquila para un drama.

Vale, no es la guerra. Marcos no se fue a la guerra. Seguro que comparte piso con un par de chavales y sale casi a diario para entonarse en el Temple Bar. Seguro que crecerá en su trabajo, porque la promoción en los empleos existe (aunque a los españoles el término “promocionar” nos suene raro, como incómodo).

Pero Marcos ha tenido que irse lejos, a tres mil kilómetros, para tener un trabajo. Y no, no es el trabajo de sus sueños. Es el trabajo que hay para los españoles en Irlanda (salvo para los españoles que saben programar): poner cafés.

Marcos no quería eso. Marcos quería estudiar su licenciatura. Cursar un máster. Comprarse un traje. Ir a entrevistas de trabajo. Conseguir un empleo.

Y lo hizo todo, menos lo último. Así que cogió el traje que se había puesto en la última entrevista en la que no hubo acuerdo (pedían una experiencia que él no tenía para pagar un sueldo que no le cubría ni la gasolina, como si lo viera) y lo dobló. Lo metió en la maleta, porque nunca se sabe. Y compró un billete barato para volar a Irlanda.

“Así aprendo inglés”.

Eso te tienes que decir. Porque si lo miras con los ojos de la verdad, tienes que matar a alguien .

Y ahí está Marcos. Sirviendo “Pupkin Spice Latte” a centenares de irlandeses cada día.

Abriéndome a mí los ojos, que a veces voy por la vida envuelta en una nube de fresa y con una piruleta de melocotón.

Salí del “Starbucks”.

Lo que había tenido gracia, ya no tenía tanta.

El chaval que se sentó a mi lado en el vuelo Santander-Dublín, y que se quedó dormido en cuanto el avión empezó a rodar, ya no era un juerguista descansando la resaca. Era un chico de veintipocos que tiene que dormir en el avión que le aleja porque, cuando está en casa, no quiere perder el tiempo con el sueño. Porque hay mucho que contar a los colegas, porque hay mucha fiesta por el Sardinero, porque pasa muchos días sin abrazar a su madre.

Aquella pareja tan simpática que me preguntó en la cola de embarque si ellos eran “Priority”, ya no me parecía una pareja de aventureros. Eran los padres casi octogenarios de un emigrado a la fuerza a Dublín. Probablemente era su primer viaje en low-cost.

Licenciados sirviendo cafés, veinteañeros durmiendo en el despegue y padres perdidos por aeropuertos.

Un drama.

Una verdad.

Que no, que no nos vamos.

No nos vamos, nos echan.

2 comentarios en “No nos vamos, nos echan

  1. icástico dijo:

    Sí, los echan. Hay una plataforma creada sobre esta nueva modalidad: http://www.nonosvamosnosechan.net/ Tengo una hija en Dublín, desde 2006 y un hijo en Alemania que está fuera desde 2004 (pasando por Dublín, 9 años, Seattle, 1 año, y Karlsruhe año y medio, de momento) tuvieron la “suerte” de irse antes de que hubiera que salir a la fuerza. Lo cruel es que hay que emigrar para seguir siendo pobre; antes de la aldea global aun se podían hacer fortunas, había romanticismo. Pero la juventud lo asimila mejor que sus mayores, lo ve más normal porque lo ha ido viendo venir, ha crecido con esa idea o alternativa, es lo único positivo (aparte de aprender un idioma)

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    • Carmen María Basteiro dijo:

      La verdad que no es lo mismo los emigrantes que se fueron antes que los que se van ahora, pienso yo. Los de ahora son un drama, porque es lo que dices:emigrar para seguir siendo pobres. No conocía la plataforma! Aunque sí había escuchado el ‘no nos vamos, nos echan’. Gracias por tu comentario.

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