¿Por qué no me merezco la tarjeta sanitaria europea?

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Quiero mi tarjeta sanitaria europea. Y la quiero porque me la merezco.

Aunque ahora me digan que no.

Los señores de la Seguridad Social me han dicho esta mañana que yo no puedo darme el lujo de tener una cobertura sanitaria de dos años en los países de la Unión Europea.

¿La razón?

 Porque no tengo un contrato indefinido en mi país de origen. Es decir, en España.

Así que, según mi país y los países miembros, no me merezco tanta atención.

Pero yo creo que sí.

Quiero mi tarjeta sanitaria europea. Y la quiero porque me la merezco.

Hay muchas cosas que los señores de la Seguridad Social (los de arriba, no los buenos señores que están ahí sentados tecleando en el ordenador) no saben.

Llevo trabajando ocho años. Desde los veintidós, sin contar algún trabajo temporal y por horas en el Reino Unido. Un año sin contrato en Grecia. Un año con contrato por cuenta ajena en Madrid. Cinco años como autónoma, completando con contratos temporales por cuenta ajena. Y algo más de medio año con contrato por cuenta ajena.

Y he sido autónoma por obligación, no por elección. Porque la situación así lo requería. De acuerdo, podría haber trabajado “de chollo” y no haber pagado ni un sólo euro a la seguridad social. Pero opté por lo primero porque creo en la igualdad de oportunidades.

Entiendo que es necesario contribuir a mejorar mi país y mejorar la vida de los que no están para lujos. Contribuir a que los euros que yo pago se vayan para mantener una educación pública y gratuita para tod@s, contribuir a una asistencia sanitaria de calidad sin pagar un euro más. Salvar personas, no salvar bancos.

Así que pagué religiosamente durante cinco años. Sin quejarme ni una sóla vez. Aguanté como una campeona la subida del IVA, del quince al veintiún por ciento. También la subida de la tarifa cuando me quitaron la bonificación por ser joven, mujer y presunta emprendedora: de 180 a 235 euros. Durante cinco años, trabajé para mantenerme y poco más.

Colaboraba con tres medios de comunicación y, para completar, daba clases particulares de inglés. Empezaba la jornada a las ocho de la mañana y terminaba a las ocho de la tarde. Doce horas, de lunes a viernes. Pocos fines de semana de descanso total, porque cuando no surgía uno surgía lo otro. Y un autónomo no puede decir que no.

Ni una sola baja. No sé que nos ponen a los autónomos en el café, pero es muy muy raro que nos pongamos enfermos. En cinco años hice cuatro visitas al médico: una otitis, tendinitis, un problema hormonal y migrañas muy fuertes. Medicación y a casa.

No he gastado del sistema ni una sóla prueba médica. Por elección propia, prefiero las revisiones ginecológicas en la consulta privada de mi tocóloga. También tengo un dentista privado de confianza, no me he sacado una triste muela en la Seguridad Social.

Así que quiero mi tarjeta sanitaria europea. Y la quiero porque me la merezco. Y así se lo dije al buen hombre que estaba hoy en la oficina de la Seguridad Social que me corresponde.

“¿Y por qué no me la dan?”, le pregunté con una mezcla de indignación y pena. Al borde del llanto.

El buen funcionario, muy amable todo sea dicho de paso, sólo acertó a encogerse de hombros.

La solución para salir del país si no tienes un contrato indefinido es que vayas a la oficina y pidas un permiso especial que únicamente te ofrece una cobertura sanitaria para tu estancia en un país de la Unión Europea. Y eso, si te lo dan.

A mí sí me lo dieron, se ve que no soy sospechosa de querer una citología en un hospital de Dublín. Tengo cobertura del 18 al 21 de este mes. Ni un día más, ni un día menos.

Quiero mi tarjeta sanitaria europea. Y la quiero porque me la merezco.

No he defraudado en mi vida. Sé que hay fraudes. No quito razón a los que dicen que hay personas (españoles en su mayoría, que no se nos olvide) que defraudan al sistema. Pero son los menos: fingen una separación conyugal, falsean cuentas para la beca del comedor y cobran subsidios sin dar un palo al agua en su vida.

Que sí, que los hay.

Son la excepción y no la regla.

Quiero mi tarjeta sanitaria europea. Y la quiero porque me la merezco.

He leído en algunos foros que se la niegan también a los desempleados. Como si Manolito el de Coslada fuera a perder su trabajo y ponerse a viajar por el mundo. Y pedir pruebas caras, ecografías, escáneres y radiografías, para estafar a la Seguridad Social.

Están los tiempos para tomarse un año sabático e ir de crucero hospitalario por el mundo.

Yo la quiero. Quiero mi tarjeta sanitaria europea.

Y la quiero porque me la merezco.

¿O no?

6 comentarios en “¿Por qué no me merezco la tarjeta sanitaria europea?

  1. icástico dijo:

    Cármen, nadie dice que no te la merezcas. Lo que no te mereces, seguro, son los políticos que han aprobado esto. Ahora me acabo de enterar de que yo tampoco la “merezco”, y llevo cotizados 36 años, pero claro, ahora estoy en el paro…de larga duración.

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