No sin mis “haters”

@Doug88888

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Lo que más me gusta del periodismo son los “haters”. En serio. Me hacen una gracia tremenda. Hablo de esos “haters” que se levantan cada día y abren las noticias gratuitas de un periódico digital (lo de pagar por la información no va con ellos), dispuestos a encontrar una grieta para sepultar vivo al periodista. Los del gremio ya sabéis de qué hablo. De esos que cogen la noticia que tú has escrito con todo el amor del mundo, la comparten en sus perfiles de los redes sociales y la adornan con adjetivos de lo más entrañables: “Mentirosa de mierda”, “fascista”, “rojo inculto”, “no vales ni para escribir tebeos”.

Los adoro. En serio.

No sé lo que piensan mis compañeros de los “haters”, pero me preocupa que los “haters” del periodismo estén tan bien vistos en la sociedad.

Seguro que lo habéis visto mil veces. Un periodista X comete un error, a juicio de Fulanito. Fulanito se hace “hater”. Comenta haciendo sangre. Le salen cinco o seis palmeros.

Siempre, entremedias, aparece el infalible analista que sabe que los periodistas y el periodismo están a punto de desaparecer “gracias” a las redes sociales.

Una sentencia de nada. No me imagino a un médico X sometido a un linchamiento público porque ha recetado Paracetamol a una persona con un poco de fiebre a la que le podría ir mejor con una Aspirina (porque sí, hablamos de errores a ese nivel. No de los que cuestan la vida a una persona).

Supongo que algún “hater” les saldrá también a los doctores. Pero aún no he leído (y espero no tener que leerlo nunca) que con los autodiagnósticos que te haces tú solito a través de Google, los hospitales están a punto de desaparecer.

Todos somos conscientes de que una operación a corazón abierto no la hace cualquiera. Pocos saben que una información bien hecha tampoco la hace Citanito, por muchos seguidores que tenga en el Twitter. Eso de “lo de prensa lo hago yo si quiero” es casi un mantra.

A mí me lo dijo una vez un político. Y no le cambió el gesto.

Ya no es político. Y su partido ha obtenido unos pésimos resultados electorales. No me alegro del mal ajeno, pero respiro aliviada porque no se haya puesto al frente de su propio gabinete. Más que por mí, por el devenir de la profesión.

Porque el periodismo exige de una vocación casi infinita. Y, aún con vocación y la mejor de las intenciones, siempre hay algo que se te escapa. Por cada error de cálculo, hay mil palabras en su sitio. Cien llamadas para contrastar. Horas robadas hasta que llegas a casa.

Llegas cuando puedes. Y, al rato, te vas a la cama.

Y, al día siguiente, ahí te esperan los “haters”.

Implacables e incondicionales.

Los adoro. En serio.

2 comentarios en “No sin mis “haters”

  1. icástico dijo:

    Es que tienen que elegir entre ser “haters” o nada, porque la necedad da mucha visibilidad. Mejor poner tacha a la obra (como decía Castelao), total “pocos saben que una información bien hecha tampoco la hace Citanito”, para qué van a forzar un cerebro con pocos megas.

    Me gusta

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