Dulce espera

IMG_0049

Noticia. Estamos en dulce espera. No, no estamos esperando por la llegada de un bebé piloto. Estamos esperando por la llegada del niño con superpoderes. La mayoría ya lo sabéis, porque llevo canturreando la cuenta atrás varias semanas. Pero, para los que aún no estéis al tanto, el niño con superpoderes aterrizará en Bilbao el martes por la mañana.

La espera, que a solo unos días veo dulce, ha sido en realidad muy dura.

A los que me habíais preguntado sobre la acogida, antes del último programa (Navidad), siempre os había dicho mi verdad.

 Que los días pasaban más rápido de lo que cabía esperar, que si te llenas de cosas por hacer el tiempo vuela y que la vida es muy bonita también cuando los niños con superpoderes no están en casa.

Era cierto. Pero esta última espera, desde el final de la Navidad hasta ahora, a mí se me ha hecho muy cuesta arriba. Se dieron varias circunstancias excepcionales que me sumieron en la incertidumbre más angustiosa de mi vida.

La primera, que el niño con superpoderes no pudo hablar con nosotros con tanta frecuencia como solía. No fue culpa del niño, ni nuestra, ni de la escuela, ni de los gobiernos. Simplemente, una serie de infortunios encadenados que nos dejaron fuera de juego varias semanas.

Fue duro. He estado despierta noches enteras pensando en cómo podríamos superar (el hombre mágico y yo) la pérdida del niño con superpoderes. Una pérdida que yo quería superar antes de sufrir. No dije nada a mis padres porque adoran al niño con superpoderes y no quería meterlos en esa espiral de paranoia. En mi entorno lo comenté por alto porque, vete tú a saber por qué, poca gente entiende que puedas sentir la pérdida de un niño de acogida.

Falta empatía y sobra presunta sabiduría de la vida. Si el hijo biológico de una persona X se pone enfermo, todo el mundo corre a preguntarle qué tal evoluciona el pequeño. Es lo normal. Socialmente, estaría muy mal visto decir “pues si sabes que los niños se ponen malos, ¿Para qué los engendras?”.

No encuentras la misma consideración si has optado por una acogida temporal. A poca gente le duelen prendas a la hora de preguntarte que para qué te metes en “eso”. Como si “eso” se planificara al milímetro. Como si no hubiera decisiones en la vida que llegan, aunque reflexionadas, sin que nadie las espere.

Luego está el interés fingido, del que también fui sobrada estos últimos meses. Esas preguntas por compromiso “¿Y cuándo llega?”, “¿Y cuándo se va?” y, la más dolorosa, “¿Tiene padres?”. La respuesta correcta para los tres interrogantes de los sabios de la vida es “¿A ti qué coño te importa?”. Alguna vez lo he dicho.

Ya no tengo tiempo ni paciencia para ser una bien-queda. La llegada del niño con superpoderes me ha cambiado. Tanto, que me he cansado de aguantar a impertinentes. Ya no abrazo a los que nunca me abrazan. He eliminado a varias personas de mi vida. Y me siento, todo sea dicho de paso, mucho mejor.

Una de ellas, la que más me dolió, era una amiga. De hecho, se hacía llamar “tía” sin conocer al niño. Y sin ganas de conocerlo. Tomé la drástica (y sabia) decisión de largarla cuando leí una publicación en su Facebook en la que bramaba sobre el mal que hacen los inmigrantes a España.

Así que la “tía” nos salió muy rana. Porque el niño con superpoderes es muy blanquito, rubio y guapo. E inmigrante. 

También he decidido eliminar de mi vida a los que cuestionan mis decisiones y a los que pasan los días buscando la razón por la que yo decidí acoger, en lugar de preñarme y parir “como cualquier persona normal”.

A esos no les dije nada porque, como te digo, ya no pierdo el tiempo. Sólo les voy a aclarar algo: no estoy yerma.

Tengo las citologías al día, también las revisiones que corresponden a mi edad. Mi útero está bien, gracias. A la espera de ser fecundado “como el de cualquier persona normal”.

A esos que medio se preguntan y medio se responden les tengo que contar un secreto: yo no quería ser madre cuando llegó el niño con superpoderes. De hecho, nadie que quiera ser madre debe de acoger. Para eso está el método tradicional (explicado con dibujitos de forma muy sencilla en ‘La vida es así”) y un montón de fórmulas más si, tras mucho intentarlo, la cosa no cuaja.

Nunca acojas porque quieras ser mamá. Porque eso es frustrante. 

El niño puede verte como una mamá, como una amiga o como una tía. 

No te verá como una mamá porque tu quieras.

A mí me vale con que el niño con superpoderes me vea como le venga en gana.

Me conformo con que, de vez en cuando, simplemente me vea.

2 comentarios en “Dulce espera

  1. bbecares dijo:

    La gente no entiend nada porque a la gente le gusta seguir los patrones marcados. De hecho amo mi tierra pero eso es lo que me da una pereza horrible cada vez que pienso en ir unos meses. No les pares bolas. A mí también me preguntan cosas raras sobre mi vida y no sabría ponerte ejemplos porque me entran `por un oído y me salen por el otro, así que mi cerebro no la retiene.

    A disfrutar del niño. Y el que no sepa entender lo que es ayudar a otros sin esperar nada a cambio (aunque a cambio siempre se recibe más de lo que uno da), que les den.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s