“Hache, él no es tu padre”

FullSizeRender (9)

Día del Padre raro. Al menos, en esta mi casa. Es la primera vez que no celebramos el día del Padre desde que Hache, el niño con súperpoderes llego a nuestra vida. El hombre mágico me ha hecho jurar ante “Das Kapital” que no habría regalos ni felicitaciones. Que él no es el papá de Hache ni lo quiere reemplazar, porque Hache tiene derecho a conservar sus orígenes y Hache tiene que decidir, cuando sea mayor, si quiere que su papá sea un hombre asturiano con barba. Así que te lo voy a decir así, Hache, porque sé que algún día leerás esto: “Hache, él no es tu padre”.

No lo es. No es el portador de la semillita que te engendró. No pudo grabar tus primeros pasos en una cámara de vídeo y no te arropó cuando eras un bebé. No es tu padre, Hache, pero se le parece.

Tú no lo sabes, porque entonces no entendías ni papa de español, pero la primera vez que te vio en el aeropuerto se enamoró de ti. Dijo, textualmente, “se parece a Tommy Ramone”. Porque el hombre mágico, el que no es tu padre, es así. Sabe poner las palabras justas en el momento exacto para amansar los ánimos. Es una de las cosas por las que nos elegimos para compartir la vida, porque sería imposible que dos personas aguantaran juntas a un nivel emocional como el que yo aporto.

No es tu padre, Hache, pero sólo un padre aguantaría contigo las sesiones interminables de “Bob Esponja” a las que le sometes cada tarde-noche en el sofá. Sólo un padre sabe a qué hora ponen “Scooby Doo”. Sólo un padre se levanta a las tres de la mañana para llevarte al centro de salud porque te sube la fiebre. Sólo un padre dibuja en la cara un gesto como el que pone el hombre mágico cada vez que sueltas, así como si se te escapara, una nueva palabra en español.

Sólo un padre cambia “no me jodas” por “no me fastidies” cada vez que estás delante. Y sólo un padre puede templar el ambiente, como él lo hace, cuando tú y yo nos enzarzamos.

Porque tú y yo, aún sin compartir genes, nos parecemos mucho. Los dos vivimos la vida como si la tuviéramos que beber a tragos largos. Siempre con prisa. Tú, por todo lo que te ha tocado vivir. Yo, por cuestiones mucho más propias de los países “desarrollados”.

Así que necesitamos al hombre mágico, tu y yo, para que pague rescates por nuestros secuestros emocionales. Tuve mucha suerte cuando lo conocí. Y tu también la has tenido ahora. Aunque, te reitero, que el hombre mágico no es tu padre.

Tampoco “dedushka” Luis es tu abuelo. Aunque también se le parece mucho. No sabes cuánto disfruto cuando lo veo contigo, jugando a los coches. O enseñándote a montar a caballo. Tiene exactamente la misma cara que tiene  en mis recuerdos de la infancia. Una sonrisa infinita, una paciencia sin fin, unos brazos siempre atentos para frenar las caídas. También el “dedushka” Melchor, una de las personas a las que debemos el premio de disfrutar ahora del hombre mágico.

Los “dedushka” cambiaron de vida cuando nosotros nacimos. Y el hombre mágico, aunque no lo creas, la ha cambiado por ti. ¿Sabes qué era lo que más le gustaba en el mundo al hombre mágico? Viajar. Nuestro último viaje largo lo decidimos mientras que tomábamos una cerveza irlandesa cerca de casa.

-¿Vamos a Irlanda?

-Sí, y buscamos escenarios de “Juego de Tronos”.

Hicimos la maleta y nos fuimos.

Así fueron todos nuestros viajes. Siempre por impulso. Y, un día, llegaste tu y supimos que las mejores vacaciones de nuestra vida ya no tendrían un avión de por medio. A menos que ese avión nos lleve donde tú estés.

Hay noches en las que el hombre mágico revisa las fotos de aquellos, nuestros viajes de antes de ti. Y yo le pregunto si es que quiere volver. Me dice que no, que sólo piensa en lo bonito que hubiera sido disfrutarlo todo contigo.

El futuro de tu acogida es incierto, como todo lo bueno que tiene esta vida. No sé si llegaremos a verte crecer, a disfrutar de la primera bronca porque llegues tarde a casa. No sé si el día de mañana decidirás que este es tu hogar.

No sé cómo lo encajaré yo, Hache. Pero te prometo que el hombre mágico siempre te va a apoyar. Si tu quieres, se asegurará de que te hagas un piercing en un sitio higiénico y te dará los consejos que necesites para que el amor nunca te ate a nadie.

No te puedo garantizar que el hombre mágico y yo sigamos juntos de por vida. El paso del tiempo cambia los intereses aunque, de momento, nuestra idea es seguir acompañándonos en este viaje. Sí te puedo garantizar que siempre te querremos y que él jamás renunciará a ti.

Hache, él no es tu padre. Pero se le parece mucho.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s