Tu mamá es una nazi

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Hache, el niño con superpoderes ha vuelto a su país. Vaya por delante que estoy muy triste estos días y, por lo tanto, puede que no sepa canalizar bien el enfado que llevo semanas cocinando.

Dicho esto, si eres un niño pequeño (entiéndase pequeño hasta los 11 años) y no quieres mantener ningún tipo de relación con un niño que no habla perfectamente español, o que no ha nacido en el mismo país que tú, tienes que saber una cosa: tu mamá es una nazi.

Te voy a contar una historia que vivimos (Hache y yo) a finales de diciembre de 2014.

Hache estaba aburrido en casa y yo le animé para que saliera. No le gusta que le acompañemos al parque, porque dice que no es un bebé, así que me quedé sentada en un banco para verlo jugar en los columpios a una distancia prudencial.

Hache intentó acercarse a un niño que estaba jugando con una pelota. El niño, que vestía una trenca de unos 150 euros, cogió el balón en las manos y se fue.

Hasta aquí, bien. Son cosas de niños.

El niño de la trenca cara se dirigió a una terraza de un conocido bar y habló con su madre (o su tía, o la chacha que lo cuida) y señaló en dirección a Hache. La mujer le hizo una seña con los dos brazos estirados hacia adelante. A todas luces quería decir algo como “no juegues con él porque vete tu a saber de donde sale”. O “si juegas con él te va a romper el balón”.

No sé qué palabras acompañaron al gesto, pero la mueca fue una señal de rechazo en toda regla.

Hache es de un país del Este, pero no es tonto. Apostaría una mano a que su CI dobla al del niño de la trenca cara.

Así que se sintió desplazado. Con todas las letras.

Vino al banco y me pidió volver a casa.

Mi “yo” en estado puro me pedía ir a la terraza del bar y llamar nazi a la mamá nazi. Mi “yo” social me pedía que me callara la boca y que le comprara a Hache una bolsa de gusanitos para que se le pasara el disgusto.

Ganó mi “yo” social.

Este invierno no volvimos a ese parque.

Todo esto que te cuento puede parecer el relato de una mamá de acogida resentida. Y lo es, en cierta forma.

Pero créeme cuando te digo que lo que más me preocupa es la cantidad de mamás nazis que hay en el mundo.

Sobretodo, si en ese mundo (por el momento) hay buenos sueldos para el hombre de la casa y la mamá nazi sólo se tiene que preocupar de comprar trencas caras y tomar café por las mañanas.

El problema no es que el niño de la trenca cara rechazara a Hache por ser diferente. El problema es que, seguramente, también rechazará al niño gordito de su clase. A la niña con pocos recursos. Al negrito del top-manta.

En diez años, la mamá nazi puede verse sorprendida por una carta de la Fiscalía en la que le piden cuentas porque su hijo ha amargado a un compañero de clase.

O quizás no. Porque, visto lo visto, sale muy barato burlarse del diferente.

Mientras escribo esto me acuerdo de Carla, esa niña de Gijón que se suicidó porque la vida la ahogaba.

¿Cómo puedes hartarte de todo a los 14 años?

Es fácil si el hilo musical que te acompaña cada mañana en el colegio es siempre una desagradable retahíla de insultos y amenazas: “Topacio, un ojo para aquí y otro para el espacio”, “bollera”, “bizca”…

Les parecía poco y también la machacaban por las tardes, a través de Facebook, de Twitter o de vete tú a saber qué red social. Viva la nazi que los parió.

Han sido imputadas dos menores. El colegio en el que estudiaba, el Santo Ángel de la Guarda (menuda broma de nombre), ha salido hasta el momento impune.

No sé si los padres de los niños que hostigaban a Carla lo sabían. Si lo sabían y no hicieron nada, no sé si pueden dormir tranquilos.

Tampoco sé si duermen tranquilos los papás y las mamás de los chicos que han ninguneado a Hache, porque hemos vivido unos cuantos episodios como el que protagonizó el repelente niño de la trenca cara.

Yo me pasaría las noches en vela.

Claro que a mí, desde bien pequeña, me han enseñado que lo diferente no es malo.

Que el gordito puede adelgazar. Que las gafas se ponen y se quitan. Que el español se aprende.

Que la estupidez y la tontería, en cambio, van a más con los años.

Muchas gracias mamá por no ser nunca una nazi.

Un comentario en “Tu mamá es una nazi

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