Supernanny no funciona

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Supernanny no funciona. Y sus métodos tampoco.

No sé a vosotras, madres del mundo, pero a mí no me sale nada de lo que hace en su programa. Intentar educar con esos métodos tan sanos que luce Supernanny en Cuatro, para mí, es tan difícil como intentar hacer un mueble como los que hace (o hacía, no sé si aún lo emiten) el hombre de Bricomanía.

Quizás el problema es que Hache, el niño con superpoderes no está en casa el tiempo suficiente y los métodos no terminan de cuajar. Quizás sea que no compartimos genes. O que yo soy muy burra.

Yo lo he intentado, en serio. Sin ningún resultado. Supernanny, en esta casa, no funciona.

Conste que Hache, el niño con superpoderes es un niño muy bueno. No tiene muchos caprichos (y los que tiene suelen ser razonables), come lo que le mandes y se acuesta… Bueno, lo de acostarse no lo lleva tan bien.

Pero vamos al caso. He intentado hacer una tabla de esas tan chulas que hace Supernanny. Una de esas tablas en las que vas apuntando un montón de tareas y, si el niño (con superpoderes o sin ellos, para esto da igual) las hace, lo premias con algo.

No funciona porque, cuando vamos por la mitad de la tabla (donde dice “Hache come pescado”), el niño se niega. Y a mí me da muchísima pena. Así que lo absuelvo, tiro la tabla y le doy igualmente su premio.

Lo de ignorar las rabietas no funciona. Eso si que no.

Hache no sufre mucho de rabietas. Quizás porque la vida le ha enseñado, en exceso, que no puedes tener todo lo que deseas. O quizás porque nunca ha tenido oportunidad de encapricharse con nada. Eso son males de una sociedad en la que sobra de todo.

El caso es que esta Navidad, en su segunda estancia en España, sí ha tenido algún amago de pataleo. La única rabieta seria que ha tenido, desde que soy su mamá de acogida, surgió porque no fue capaz de armar un Lego tal y como aparecía en la caja.

Cuando vio que las piezas no encajaban, empezó a berrear como un loco.

Ahí se me vino a la mente el programa de Supernanny y su actitud de pasividad absoluta. Así que dejé al niño en el salón y fui a la cocina para hacer la cena.

El niño siguió berreando.

No sirvió. Supernanny no funciona.

Terminé dejando la cena sin hacer y armando Legos como una loca.

Educadores, pedagogos o padres hitlerianos que estáis leyendo esta entrada: os recomiendo que no sigáis. Dejadlo aquí en serio.

He ideado un método propio. Lo podemos denominar “el método tiki-tiki”. 

“Tiki-tiki” es la palabra que emplea Hache para referirse a todos los gadgets tecnológicos que hay en esta santa casa: tablet, teléfono, ordenador y XBox. Todos ellos juntos, o por separado, son su mayor pasión.

Así que la peor amenaza que puedes emplear con Hache es dejarlo sin “tiki-tiki”.

¿Que Hache no quiere hacer los deberes por la mañana porque ha decidido tomarse el día para asuntos propios?

Palabra mágica: “Tiki-tiki”.

¿Que Hache no quiere darle un beso a esa señora que vive enfrente de tu casa y a la que apenas conoces pero, de repente, se encapricha en achuchar al niño?

Palabra mágica: “Tiki-tiki”.

¿Que Hache no quiere comer pescado?

No lo intentes, el “método tiki-tiki” no funciona en este caso.

Sé que los educadores, pedagogos y padres hitlerianos que hayan decidido no seguir mi recomendación,y estén leyendo esta entrada, estarán a punto de sufrir un infarto.

Dejadlo aquí, en serio. Ahora viene lo más fuerte.

Siempre llevo algún “tiki-tiki” en el bolso.

Por si surge una compra rápida en Zara y la cola de la caja es eterna.

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