La lobby de los Reyes Magos

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Llevo varias horas actuando como lobby de los Reyes Magos.

Resulta que Hache, el niño con superpoderes se ha armado un buen lío con esto de los “podarki” (regalos) navideños. Esta tarde, tras días de dudas, ha decidido ponerse manos a la obra y “dibujar” (escribir) la carta.

De nada ha servido que su interlocutora española con Sus Majestades (una servidora) le explicara que los Reyes Magos ya intuyen lo que él quiere. Tampoco una larga argumentación sobre los muchos dones de Melchor, Gaspar y Baltasar, que incluyen verlo y escucharlo todo. También los más ocultos pensamientos.

El niño con superpoderes quiere tenerlo atado y bien atado, así que ha escrito la carta. El problema es que su interlocutora española con Sus Majestades (una servidora) y su paje Real (el hombre mágico) ya llevan unos días acumulando regalos para ponerlos debajo del árbol. No es por no escuchar al niño con superpoderes, es cuestión de ser prácticos y realistas: si esperamos un poco más, nos quedamos sin nada.

No exagero. Ayer mismo, estuve a punto de liarme a tortas con una señora en el “Toys r us”. La razón: una furgoneta de las Tortuga Ninja.

Sólo quedaba una y había dos posibles destinatarios: el niño con superpoderes o el nieto de la señora en cuestión.

El caso es que yo llegué antes a la estantería y cogí la dichosa cajita del juguete. La señora me increpó, asegurándome que ella la había visto antes. Yo decidí ponerme sentimental, porque no tenía el cuerpo ni la mente para dar batalla:

“Verá, señora. Es que es para un niño de acogida que tenemos únicamente cuatro meses al año. Nos haría muy felices que recibiera todos los juguetes que quiere en estas fechas tan señaladas. Son sus primeros Reyes Magos”.

No se ablandó ni un ápice. Ella siguió erre que erre: que si su nieto llevaba meses pidiéndolo, que si los papás se habían descuidado, que si ella tenía la obligación de llevar la furgoneta de las Tortuga Ninja a casa, que si yo no tenía vergüenza.

Ahí la dejé con la cantinela. Fui a la caja y, cuando me tocó pagar, la tarjeta no funcionaba. Le pedí a la cajera que me guardara la caja del juguete (válgame la redundancia), pero se negó. Así que salí del “Toys r us” compuesta y sin furgoneta de las Tortugas Ninja. Finalmente, pude ir a un cajero y comprarla en una juguetería de Mieres (un poco más cara, todo sea dicho de paso).

El inventario de regalos que habíamos elaborado el hombre mágico y yo también incluía un trineo para la nieve, un playmobil, unos prismáticos y otros regalos que Hache había pedido con anterioridad.

Mi labor hoy, como lobby de los Reyes Magos, fue convencer a Hache de que pidiera a Sus Majestades exactamente los mismos regalos que llevan días guardados en el maletero del coche de “pa”.

Conseguimos colar todos los juguetes en la carta. Sólo hubo polémica con uno: la furgoneta de las Tortuga Ninja.

-¿Pero por qué no la quieres, con lo bonita que es, Hache?-, le pregunté yo.

– Porque babushka (abuelita) dice que ese regalo es feo-, me respondió.

Lo que le parece feo a babushka (a mi madre) es el precio de la broma (algo más de cincuenta euros).

Así que miré seria a Hache, pensé en la peripecia del “Toys r us” y tomé una decisión:

-Pues babushka que diga misa-.

Hache no me entendió.

Yo colé la furgoneta en la carta.

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