Los listos kafkianos

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Ser culto está muy de moda. Y si eres culto así, un poco underground, ya lo revientas. A mí los cultos y los leídos, en general, no me molestan. Sólo hay una variedad que me saca de mis casillas: los listos kafkianos.

Son esos personajes que leen a Kafka, a Proust y a Tolstoi. Esos que estudian la estructura de “Ana Karenina” (el libro, no la película) y de “La Divina Comedia” y, además, lo cuentan. Y lo peor de todo, si tu no tienes ganas, tiempo ni paciencia para dejarte la piel en semejantes tostones, te consideran un analfabeto.

Ya conocía a algún elemento de este grupo cultural pero, hace unos meses, coincidí con seis de ellos en una clase.

En realidad, era una clase virtual.

Los seis listos kafkianos, dos chicos que no se hacían notar y yo éramos alumnos en un curso de escritura. Lo impartía un conocido escritor español al que admiro bastante. Él no era listo kafkiano, aunque se dejaba llevar.

La mecánica de las clases incluía un chat conjunto una vez a la semana, además de un foro de presentación en el que cada alumno tenía que contar un poco de su vida. También citar a sus autores favoritos.

Los listos kafkianos se dejaron la piel: uno de ellos llegó a escribir que lo que más le gustaba en el mundo era disfrutar de un buen libro de Proust mientras fuera llovía.

Yo llegué con mi lista de autores favoritos un poco avergonzada. Sólo saqué a relucir los que, a mi juicio, estaban al nivel de semejantes mentes. Tom Wolfe, Truman Capote, Nick Hornby, Antonio Muñoz Molina, Isabel Allende, Lucía Etxebarría, Elvira Lindo, Eduardo Mendoza y Petros Márkaris.

No se me ocurrió mencionar a Camilla Läckberg ni a Patricia Cornwell. Tampoco confesé, delante de aquellos sabios de la literatura, que si estoy triste leo sin parar a Marian Keyes.

Había una lista kafkiana, de nombre Lorena (nombre figurado), que no soportaba que yo compartiera un aula virtual con ella. Cada vez que yo “decía” algo, me echaba en cara (literalmente) que ni siquiera Tolstoi estaba entre mi lista de autores de referencia.

La situación se volvió tensa con el paso del tiempo y llegó al límite a mitad del taller. Fue entonces cuando el conductor del curso decidió que teníamos que comentar un trabajo de nuestros compañeros. A mí, como no podía ser de otra forma, me tocó comentar el de la leída e instruida Lorena.

La verdad es que leí su texto y no lo entendí. Creo que era una metáfora, con figuras, imágenes y colores, sobre los temores de una mujer recién separada y con tres hijos. Pero nadie lo comprendería. No estaba bien escrito y parecía una copia muy mala de “La Divina Comedia”. Porque nadie, salvo Dante, puede escribir “La Divina Comedia”.

Así se lo puse en el comentario que tenía que hacer de su ejercicio. La lista kafkiana se puso nerviosísima y me acusó de no tener la madurez suficiente para comprender sus textos. También me dijo que ella leía a Kafka desde los doce años.

Yo le dije que, quizás, su problema a la hora de escribir era que había leído mucho y vivido muy poco. Porque lo normal a los doce años es esconderse para fumar un cigarro, no leer a Kafka.

La lista kafkiana abandonó el curso. O quizás pidió una atención personalizada al escritor que lo impartía. No lo sé. El caso es que no volvió a asomar por allí, ni ella ni ninguna de sus historias repletas de alegorías.

Al final del curso, el profesor me escribió un email animándome a seguir escribiendo. Me dijo que la creatividad y la capacidad de usar las palabras para hacer literatura no se consigue con la lectura de Kafka ni de Proust. Pero me recomendó que leyera, de vez en cuando, algún “gran libro” para aprender sobre la estructura.

Así que ahora, de vez en cuando, leo a Proust por las noches aunque me apetezca más un libro de chick lit. Me digo que es por mi bien, igual que tengo que comer ensaladas aunque lo que más quiero es un Big Mac tamaño grande.

Los listos kafkianos habían estado fuera de mi vida durante un tiempo, pero han vuelto desde que escribo “De lo que no está escrito”. No son los mismos del curso de literatura, pero su comportamiento es exactamente idéntico.

El otro día, uno de ellos me dijo que mi blog es “muy personal”. No lo dijo en un tono afirmativo ni interrogativo. Lo dijo en una mezcla entre ambos que me resultó muy insultante.

Me quedé callada porque no sabía qué decir.

Pero ahora ya se me ha ocurrido.

Así que listo kafkiano que ves mi blog como “muy personal”, o cualquier otro listo kafkiano, os voy a abrir la puerta que os llevará a la sabiduría eterna: si esta página no os gusta, no la leáis.

Seguro que hay algún bloguero capaz de escribir alguna alegoría que satisfaga vuestra mente.

Si no es así, podéis releer “Ana Karenina”.

Así ya os entretenéis un buen rato.

9 comentarios en “Los listos kafkianos

  1. Tito dijo:

    Bueno, vamos por partes: en tu texto, haces continua mofa de lectores que demuestran un gusto infinitamente (porque la distancia entre Proust y Echevarría es infinita) superior al tuyo. Si no quieres reconocerlo no lo reconozcas, pero la haces.
    Por supuesto que el gusto es relativo, pero lo hay mejor y peor, ¿o no? No tiene el mismo gusto el que disfruta con Tolstoi que el que disfruta con Camila Lackberg. Los dos tienen los mismos derechos pero uno tiene mejor gusto que otro. Igual que tiene mejor gusto el que prefiere a Mozart que a Sabina o el que prefiere una dorada a la sal que un big mac.
    Y, por último: celebro que te guste una gente si y otra gente no, mejor para ti y, seguramente, para ellos. Pero te diré que estulticia es una palabra que manejo desde que la aprehendí (si, de “aprehender”) en primero de latín allá por… y que la utilicé por no poner “simpleza” que me pareció un poco dura. Ahora me arrepiento de haberlo hecho, te habría ahorrado una consulta al diccionario.

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  2. Carmen María Basteiro dijo:

    Tengo muchas cosas que hacer y no tengo tiempo para debatir sobre lo tonto que es decir que “tiene gusto” el que disfruta con lo mismo que uno mismo.

    Tito, yo no tengo que mirar en el diccionario para entender lo que escribes. Quizás tengas que mirar tu el diccionario para explicarte con palabras que tu crees que no están al alcance de cualquiera y demostrar así una supuesta superioridad intelectual.

    De todas formas, siento que te hayas sentido ofendido por mi entrada. No pretendía hacer mofa de la gente con la que tú, a juzgar por las explicaciones, te identificas.

    Este es mi blog y firmo entradas con nombre y apellido. Escribo lo que quiero y también me expongo a que me increpen desde el anonimato. Algo que parece que sí te gusta, además de leer a Tolstoi.

    Te recomiendo encarecidamente que no pierdas más tiempo en un blog tan simple y, como digo en el texto, te entretengas con algo que colme tus aspiraciones intelectuales.

    Gracias otra vez por comentar.

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  3. Tito dijo:

    Jajaja… Para estar tan ocupada lo miras todo con lupa, no?
    Y también pareces tener tiempo de sobra y facultades misteriosas para explicarme a mi mismo cuál es mi carácter e intenciones. Un poco infantil no? No me has ofendido en absoluto, más bien me has divertido. Cómo no me va a hacer gracia una persona que cree que alguien puede consultar el diccionario para demostrar superioridad?I

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