La vida bonita sin ti… O cómo sobrevivir a una acogida

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La vida es bonita sin ti. Y es preciosa contigo.

Faltan dieciséis días para que Hache, el niño con súperpoderes vuelva a casa.

Llevamos más de tres meses sin estar con él, sin poder abrazarlo. Hemos escuchado su risa unas cuatro veces desde que se fue, a través de Skype, y la espera ha sido larga.

A ratos, os lo tengo que confesar, he sentido mucho dolor.

No sólo porque Hache no estuviera en casa, sino también por la falta de amparo en los momentos en los que flaqueas. Por supuesto, he contado con los hombros incondicionales de mi madre y de mi padre. También de mi hermano y del hombre mágico. De la familia al completo, primos lejanos incluidos.

No puedo decir lo mismo de las personas de mi entorno que no están atadas a mí con un lazo de sangre. Por supuesto, he tenido el apoyo de los amigos incondicionales. De esos que, aún no sabes cómo, siempre están ahí. También he descubierto que otros que decían estar, en realidad, no estaban. Y que algunos están, pero cuando la cosa se pone fea (o bonita, depende) desaparecen. De otros casos más sangrantes, prefiero ni acordarme.

Ese desapego me importa y me duele. Más que nada, porque yo he invertido una buena parte de mi vida y de mi sueldo en celebrar la vida de otras personas. Gente que, por lo visto, se merecen más respeto que yo porque han decidido festejar sus amores según un canon preestablecido.

He ido a muchísimas bodas. Pero esas no cuentan como tiempo perdido, porque en todas me he puesto morada y he brindado hasta no poder más. He acudido a bautizos y también a alguna “baby shower”. Sin quejarme ni fruncir el ceño ni una sola vez.

Nadie le hizo una “baby shower” a Hache, porque muchos de mis conocidos se han tomado la acogida del niño con súperpoderes como un “ensayo final” para cuando decida ser madre biológica. Algunos, ni siquiera se acercaron a conocerlo y otros muchos (la inmensa mayoría) no me han preguntado cómo llevo la espera hasta la Navidad.

La he llevado y la llevo bien, gracias.

La he llevado y la llevo bien porque he adoptado la máxima de que la vida, Hache, es bonita sin ti. Aunque es preciosa contigo.

He llenado la vida bonita de actividad, de trabajo, de proyectos y de sueños. Lo reconozco, te he aparcado en la parte trasera de mi mente. Pero sólo durante unas semanas.

No lo he hecho porque te quiera menos que los que se pasan los días llorando. Lo he hecho porque tengo que sobrevivir.

Sé que tu me entenderás.

Porque algún día verás que, aquí, la vida es bonita sin ti. Es preciosa contigo.

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