Mátate tú primero

Mátate tú primero y luego, una vez muerto, decides a quién más quieres matar.

El orden de factores, en estos casos, sí altera el producto.

6299703043_fbd884a709_qTe hablo a tí, maltratador.

Si tan mal te sientes, si los celos te están quemando el alma y no puedes respirar al imaginártela con otro, mátate.

Si quieres hacer daño a tu pareja y estás planeando una muerte atroz para tus hijos, estás enfermo. Ponte en cura o mátate.

Asturias está de luto. Un hombre asesinó (aquí pongo el presuntamente, que ya se sabe…) ayer a sus dos hijas a golpes en San Juan de La Arena. Lo hizo y, después, se suicidó.

Un asesinato macabro, cruel y desalmado.

Cuánta pena nos hubieras ahorrado si te hubieras matado tu primero.

Suena fatal. Incluso frívolo. Porque los maltratadores también tienen madres. Madres que, posiblemente, son unas santas y han sufrido malos tratos durante toda su vida. Pero seguramente esas madres no quieren tener un hijo asesino. Así que, también por el bien de tu madre, mátate tú primero.

Te hablo a tí, maltratador en masculino, porque estadísticamente sois más. Sé que también hay hombres maltratados. La inmensa mayoría de las víctimas que son hombres no se atreven a denunciar por el qué dirán.

A la mierda los demás. Si te pega, denúnciala. El cementerio está lleno de valientes.

También si te insulta, te acosa o te menosprecia. La mujer del hombre que ayer (presuntamente, que sí) mató a sus dos hijas lo había denunciado. No se le ofreció protección, y esto ya lo digo basándome únicamente en las informaciones que he leído, porque no hubo agresión física.

Estoy absolutamente segura de que las leyes las hace una máquina especializada en redactar leyes. Porque si un humano tomara parte, sabría que el maltrato psicológico puede ser más dañino que el físico. Especialmente, cuando la persona sobre la que se ejerce es inestable.

Lo reconozco. Si un día el hombre mágico se volviera completamente loco y viniera hacia mí para pegarme un puñetazo, yo recogería el objeto más contundente que tuviera a mano y se lo estamparía en la cabeza.

En cambio, si  un día el hombre mágico se volviera completamente loco y decidiera mermarme poco a poco mi autoestima y coartar mi libertad, no sé si tendría herramientas para desatarme.

Las tuve una vez en mi vida. Y la huella fue difícil de borrar. Afortunadamente, logré salir. También aprendí a andar con pies de plomo y a no volver a repetir la pauta una y otra vez. A no encadenarme en relaciones auto destructivas hasta el fin de mis días.

Muchas no lo consiguen. Y el fin de sus días llega demasiado pronto.

Para que ninguna más salga de la vida temprano. Para que no sufran más niños.

Mátate tú primero.

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