Má, ¿Puedo ser fotógrafo?

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Unos días después de llegar a casa, Hache, el niño con súperpoderes me preguntó, Google Translate mediante, si el podía ser fotógrafo.

Le dije que sí y no presté atención al verbo poder, porque entendí que era un error de traducción. Pensé que Hache, como cualquier niño de su edad, me estaba diciendo que quería ser fotógrafo.

Unas semanas después, cuando ya tenía un castellano medianamente fluido (sí, los niños son esponjas. Y si el niño tiene súperpoderes, mucho más) le volví a preguntar qué quería ser de mayor. Me dijo “má, de los de cámara” y me pidió el móvil para escribir con letras del alfabeto cirílico y traducir una pregunta: ¿Puedo?

Le dije que sí, que por qué no iba a poder. Me miró a los ojos y se encogió de hombros.

Se me rompió el corazón. Fui consciente de que Hache, con sólo ocho años, sabe que su futuro se teje con una lana muy fina. Fina como el papel de fumar. Una materia prima que puede romperse por un suspiro un poco más profundo de la cuenta.

Si quiere ser fotógrafo, sabe que tendrá que seguir una línea recta. Muy recta.

Esa línea no incluye hacerse un “Froilán” y repetir tres veces un curso de la ESO. Tampoco perderse clases fingiendo una gripe larga, como yo misma hice, ni falsificar un boletín de notas (otra hazaña mía, nadie es perfecto).

Es duro que tu vida se defina desde el minuto cero. Dependiendo del útero que te guarde durante nueve meses y las manos que te recojan al nacer.

Pero es así.

Todo esto viene a cuento porque, en los últimos días, he recibido bastantes críticas sobre una información que he escrito en un medio en el que trabajo.

Hablaba de enchufismo. Enchufismo en una empresa que se puso en marcha con dinero público.

Me han acusado de “desvelar datos que pertenecen a la intimidad de las personas”, de “envidiosa” y de “rencorosa”.

Así, con todas esas palabras feas y todas las letras que las forman.

Me ha hecho mucha gracia.

En mi casa me educaron para no deber nada a nadie. Es más, la banda sonora de mi niñez y mi juventud, también de mis años universitarios, fue: “Tú ten poco o mucho, pero nunca le debas nada a nadie”.

Mi padre pagó la cuota durante muchísimos años (hasta hace unos días) a un sindicato. Nunca lo escuché pedir un favor a nadie. Mi madre lo dio todo porque mi hermano y yo nos formáramos, para que pudiéramos valernos por nosotros mismos. Nunca buscó contactos en ninguna parte. Jamás.

Es por eso que, desde que tengo uso de razón, odio el enchufismo y el pelotilleo. Nunca acusé a ningún compañero de clase de nada. Sí lo he hecho en el trabajo, a mis superiores, pero cuando ya no me quedaba más remedio y después de tragar saliva muchísimas veces.

Los enchufados no me dan envidia.

Sí que les guardo rencor. Porque odio a los corruptos, la consecuente corrupción, el trato de favor y los enchufes. Los odiaba  antes y los odio aún más ahora, después de que Hache me preguntara si él podía ser fotógrafo.

Así que no olvido ni perdono a los que roban un puesto de trabajo que podría ser mío. Tampoco a los que están robando el futuro de Hache.

Si por mi fuera, y algún medio me lo permitiera (por supuesto que no), publicaría el nombre y los dos apellidos de todos y cada uno de los que están ocupando un cargo en una empresa pública (o puesta en marcha con dinero público) sin cosechar méritos previos. También el nombre y los dos apellidos de las personas que los apadrinan.

Lo malo de que a mí nadie me apadrine, es que me faltan horas en el día para llegar a los mil euros al mes. Me faltan horas en el día para seguir formándome, la única forma que conozco para mejorar.

Hay momentos en los que me puede el desánimo y no tengo un triste hombro en el que llorar. Porque no quiero machacar a mi familia. Porque no me interesa que la mayoría de mi entorno lo sepa. Y porque tengo pocos COMPAÑEROS (de esos, de los que se escriben con mayúsculas y en negrita).

Lo único bueno de no deber nada a nadie es que no tengo miedo. Y digo la verdad.

Bien mirado, no es poco.

2 comentarios en “Má, ¿Puedo ser fotógrafo?

  1. bbecares dijo:

    Ni siquiera algo tan simple como pasa en el primer mundo en el que podemos jugar a fotógrafos, mientras los padres pagan al niño fotógrafo, su cámara, sus gastos y tb sus fiestas. Pero bueno, ahroa el niño con superpoderes te tiene a tí y a tu churri. Suerte con él.

    (Ay me emociono con estas historias de niños como Hache)

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