Más amor y menos “benzos”

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Necesitamos amor.

Os lo digo completamente en serio.

Y no lo sé porque yo sea especialmente lista. Ni una estudiosa del estado psicológico de la gente.

Lo sé porque las entradas más populares de este blog, las que más gente ha visto, están relacionadas con el amor. Con los sentimientos. Con Hache, el niño con súperpoderes. 

Los estados de Facebook que hablan de lo mucho que quieres a tu novia, de lo feliz que te hace tu novio, son las que más “Me gusta” reciben.

El amor es más potente que las benzodiazepinas. Las conocidas como “benzos”, esas pastillitas que te receta el médico cuando estás hasta arriba de trabajo, cuando no eres capaz de entrar en un ascensor o cuando te pones tieso entre una multitud de gente.

No se cuántas recetas de “benzos” se despachan al día en España, seguro que muchas. Con lo barato y lo sano que es un abrazo.

Cuando el citado Hache, el niño con súperpoderes llegó a casa, nadie daba un duro por mí. Por que yo tengo la misma estabilidad emocional que un escritor atormentado, aunque no he firmado (ni redactado) un bestseller en mi vida.

Así que todo el mundo pensaba que yo, con esa tendencia a la depresión, al decaimiento y a la excitabilidad excesiva, iba a hundirme en un pozo cuando Hache, el niño con súperpoderes volviera a su país.

No contaban con que Hache, el niño con súperpoderes, es uno de los amores de mi vida. Y cuando uno de los amores de tu vida aparece, no puedes más que estar contenta. Aunque se tenga que ir a veces.

Lo cierto es que yo no suelo cortarme en esto del amor. Me gustan los abrazos, los besos y querer mucho. He querido y he confiado en gente (examigas, examigos, exnovios, “compañeros”, “excompañeros”) que es objetivamente mala.

Entiéndase “objetivamente mala” como aquella persona que es capaz de hacer daño a propósito.

Yo se lo perdono todo. Porque las personas malas tienen algo en común: todas han sufrido mucho. Han sufrido rupturas abruptas, muertes tempranas o les han separado de uno de los amores de su vida.

Y esas personas, se han hecho malas por dos razones: o bien no confían ya en nadie, o han encontrado otra vez el amor y viven con tanto miedo de perderlo de nuevo que machacan a quien sea para no tener que sufrir otra vez.

Lo mejor, y esto ya es mi humilde opinión, es querer siempre.

Recuerda cada día lo que te enamoró de él. Acuérdate de lo feliz que te sentiste cuando ella te escogió.

Si esa persona no te quiere, no la olvides. Date tiempo, piensa en ella, y olvídate de lo que duele el amor no correspondido cuando llegue uno de los amores de tu vida.

Date más amor y menos “benzos”.

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