La rave de la amnistía fiscal

Es la primera vez en mi vida que me pierdo una fiesta de semejante magnitud.

Yo, que viví los últimos días de la Cúpula. Que me puse fina en el Lavaeru hasta que amaneció. Que me encendieron la luz del Cabaré para invitarme amablemente a abandonar la sala…

Me he perdido la rave de la amnistía fiscal, una fiesta organizada por los que fueron “padres” de una gran familia minera.

La cita empezó siendo una verbena. Con José Ángel Fernández Villa (ex secretario general de SOMA-FITAG-UGT), herencia en mano, en el centro de la pista. Luego llegó José Antonio Postigo (ex presidente del Montepío) y un asesor, invitado imprescindible en una rave de estas características.

Iban con muda limpia y un buen fajo de billetes, como debe ser.

Y parece ahora que no estaban solos. También pasó por allí, antes o después, la “retoña” de Postigo. El hijo de Villa creo que no, porque andaba ocupado blindándose un contrato, pero vete tu a saber cuántos invitados hubo en la fiesta. Se celebró en una sucursal bancaria y creo que tuvieron que doblar la seguridad por el riesgo de avalancha en la entrada.

Aquello fue un macrofiestón de limpiar euros.

Tan bien se lo pasaron, que ahora no pueden darnos explicaciones. Por lo menos Villa, tiene un “síndrome confusional” y no puede comparecer en la Junta General del Principado.

Yo no tengo “síndrome confusional” y recuerdo que aquel año, en 2012, yo no andaba para fiestas.

Porque, por aquel entonces, la mayoría de los miembros de esa gran familia minera estábamos preocupados.

Porque nos lo querían quitar todo y hay algunos que, aunque los de arriba no lo merezcan, aún creen en la fuerza sindical.

Así que los mineros emprendieron movilizaciones.

Hubo cortes de carretera y noches en vela. Cargas policiales hasta en la caña de un pozu. Una Marcha Negra que iluminó Madrid de noche con luces del cascu.

Encierros de trabajadores. Los que más aguantaron, estuvieron cincuenta días bajo tierra. Otros tuvieron que abandonar antes, la mayoría aquejados de ansiedad.

Seguro que una ansiedad provocada por la sensación de estar allí abajo, viendo los días pasar, y sin una triste buena noticia. Ansiedad porque las Cuencas se acaban y no nos quedan más que mausoleos: un campus medio vacío, una residencia VIP, un buen puñado de museos cerrados y equipamientos deportivos. Eso sí, equipamientos deportivos los que quieras. Tenemos para parar un tren.

Y mientras tanto, los que nos tendrían que haber defendido, andaban de fiesta.

Qué le vamos a hacer…

Una rave es una rave.

4 comentarios en “La rave de la amnistía fiscal

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