Gritar el amor en los muros

Soy una apasionada de las pintadas amorosas en los muros.

Me da igual que sean bonitas, que sean cursis. Que los enamorados se lo curren. O que lo hagan de estrangis.

Hoy me encontré con esta pintada en el talud de una carretera:

20141101_165153(0)

“Y yo más”. Es tan bonito…

Sobretodo es bonito porque vale para cualquiera. Así que le pregunté al hombre mágico, que iba conduciendo, si me lo había escrito él.

“No”. Por supuesto que no. Porque el hombre mágico es mágico, pero no escribe cursiladas en muros.

Ningún hombre con el que yo haya tenido una relación sería capaz de escribir algo bonito en un muro. Es decir, nunca he mantenido una relación con un romántico empedernido.

Y es raro, porque yo sí lo soy.

Yo no tengo la culpa de que me gusten las pintadas en los muros.

La tiene mi madre, por haberme parido en los años ochenta. Porque formo parte de una generación que creció con las historias de Federico Moccia.

Ese “Tu y yo, a tres metros sobre el cielo” que le escribió Hache a Babi se me quedó grabado a fuego en el cerebro.

Desde entonces, registro mentalmente cada palabra romántica que leo en las paredes.

En Pola de Lena, justo enfrente del ambulatorio, alguien ha expuesto en rojo y en letras de cuerpo cien: “Te quiero, Mimi”.

Existe una cervecería que me encanta porque, en la puerta del baño, alguien ha escrito con rotulador permanente: “Si conoces a Iván dile que es un gilipollas, pero que lo quiero”.

Voy siempre a la misma cafetería porque alguien ha rotulado, con cierta discreción, un sillón de escay blanco. “O tu o ninguna”, reza la inscripción.

Y todo esto iba yo pensando en el coche, mientras me mosqueaba con el hombre mágico por su incapacidad de rotular mobiliario público para gritar sobre nuestro amor.

Hasta que llegué a destino y descubrí que, el hombre mágico, aún es capaz de sorprenderme. Hoy hemos pasado el día en un sitio mágico.

FullSizeRender (5)

Y hasta aquí quiero leer, de momento.

A lo mejor el hombre mágico no me hace pintadas en los muros, pero es capaz de regalarme el mundo.

Así que, bien mirado, quizás soy yo la que debe unas cuantas pintadas.

Si tuviera valor, mañana compraría un rotulador rojo y decoraría los muros de Mieres para dejarlo todo muy clarito:

“Lo siento mucho”.

“O contigo o sin nada”.

“Recuerdo cada día cada uno de tus besos”.

“Elígeme siempre”.

“Hombre mágico, te quiero”.

Pero, en el fondo, no sé si eso dará buen resultado.

Porque, por si no lo sabes, lo de Hache y Babi (los de la pintada de “A tres metros sobre el cielo”) terminó bastante mal.

2 comentarios en “Gritar el amor en los muros

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s