La tirita del Freelance

Ser periodista Freelance suena mejor que ser autónomo.

Es como una tirita para reconocer que ninguna empresa te ha contratado. Los habrá por opción, no digo yo que no, pero no es mi caso.

Yo soy periodista autónoma porque ninguna empresa ha confiado en mí para contratarme. Hubo (y hay) oportunidades, pero no me eligieron (no me eligen) a mí. Suena duro. Y es muy triste.

Me han hecho dudar de mi misma muchas veces. Y lo peor, me han hecho sentir una fracasada delante de mi familia. Que lo ha dado siempre todo para que yo hiciera lo que me gustaba.

Tan mal me sentía, que durante meses me planteé la posibilidad de dejar el periodismo. No soy una persona con miedo a volver a empezar, con independencia de mi edad. Tengo casi treinta años, pero sería capaz de dejarlo todo y formarme en otra cosa que me guste.

Mi vida no se acaba en un par de hojas de un periódico. Estudio Psicología en la UNED, me encanta la peluquería (aunque no sé si tengo buenas manos) y no me desagrada trabajar con niños.

Después de darle muchas vueltas, decidí que era mejor quedarme donde estoy. No porque sea la mejor situación del mundo, hay quien piensa que sería mejor estar al paro, sino porque ser autónoma (o freelance, que duele menos) también tiene alguna ventaja.

Tienes una libertad relativa que no tendrías si estuvieras en la plantilla de un medio de comunicación. Sinceramente, si yo hubiera firmado un contrato con un medio determinado, no me atrevería y no tendría tiempo para escribir en este blog.

Y cuento todo esto porque ayer recibí un mensaje de una persona anónima. Me criticaba por mi anterior entrada. Sí, esa en la que le digo a Rajoy que no le puedo perdonar los casos de corrupción.

No voy a repetir las palabras, porque no son dignas de ocupar un blog tan fino como este. A usted, señor visitante de mi blog que dice que no va a volver a entrar, se lo digo:

Escribo lo que quiero, porque es lo único que te queda cuando ya tienes poco que perder. Soy una buena periodista y, si a veces me corto, no lo hago por miedo a mis superiores.

Me corto porque, como trabajo en contacto con la política en el ámbito local, sé que hay personas estupendas capaces de hacer algo bueno. Independientemente de las siglas a las que representan.

Tengo amigos, muy buenos, en el Partido Popular. Algunos son antiguos compañeros de clase, y no me da apuro decirles que me parecen fatal algunas medidas y los recortazos de Rajoy.

Ellos, en algunos casos, me dan la razón. Nunca he tenido represalias en mi trabajo porque saben que, cuando agarro un bolígrafo, les soy igual de fiel que a cualquier otro partido político.

Lo mismo me pasa con Izquierda Unida, con el PSOE, con Foro Asturias, con Compromisu y pasará, si llega a tener representación municipal, con Podemos.

El hecho de que alguien piense que yo, a través de mi trabajo, voy a perjudicar a un partido político por mi ideología es una falta de respeto. Tan grande, como pensar que un médico de derechas no va a operar a un militante del Partido Comunista.

Que un periodista no pueda decir lo que piensa demuestra que algunos “periodistas” están convirtiendo este oficio tan bonito en una mierda. Yo he escuchado, con mis oídos y en directo, a periodistas que dan la razón a un concejal del PSOE para conseguir la noticia de turno. Y luego, al día siguiente (o al cabo de unas horas), se la quitan delante del PP para conseguir la réplica que quieren.

También he visto a “profesionales” cambiar de dirección, a velocidad de vértigo, según sus intereses.

Yo, lo siento, pero no funciono así. Yo creo en la libertad de expresión de todos los partidos políticos y pienso que tienen que opinar sin sentirse condicionados por mí. Así que yo sólo pregunto y les doy mi punto de vista personal únicamente si ellos me la piden.

Y siempre les digo lo que pienso sin miedo. Alguna vez me cae un chorreo. Que se pasa enseguida, cuando descubren que reflejo lo que ellos piensan, sin que coincida con lo que yo creo.

A lo mejor, esa libertad es una causa y no una consecuencia. Quizás si fuera una de las que calla y otorga, da la razón a quien toca y sabe arrimarse a buen árbol, no sería autónoma.

Yo no llevo carné en mi bolso, sólo algunas tarjetas de descuento. Únicamente soy socia de la Sociedad Humanitarios de San Martín y de la Red de Bibliotecas de Mieres. Ni milito, ni estoy sindicada.

Ya lo dijo Gabriel García Márquez: “Aunque se sufra como un perro, no hay mejor oficio que el periodismo”.

Yo prefiero seguir sufriendo.

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