Lo siento, Rajoy, pero no puedo

Lo siento, Rajoy, pero no puedo.

Agradezco que te hayas salido de tu discurso para pedirnos perdón a los españoles por los casos de corrupción.

Sé que te habrá costado lo tuyo reconocer, en tus palabras, que lamentas profundamente “haber situado en puestos de los que no eran dignos a quienes en apariencia han abusado de ellos”.

No lo acepto. Y es la primera vez en mi vida que no acepto un perdón.

Lo siento, Rajoy, pero no puedo.

No puedo porque llevo años viendo que mi sueldo se reduce, que el IVA aumenta, que pago más y más por la cuota de autónomos. Llevo años cancelando sueños, viajando poco o nada y saliendo menos que nunca.

Y mi caso no es el peor, ni de lejos.

No te puedo perdonar, ni a ti ni a ninguno de los tuyos (ni de los otros, todo sea dicho de paso), que haya niños sin cenar y que haya empresas que dejan sin luz a ancianos que no pueden pagar la factura. Que echéis a la gente de sus casas, que persigáis a los pobres para enaltecer a los ricos, que abaratéis el despido y que pongáis la cultura a un precio de oro.

Lo peor no es que nos hayáis robado nuestras casas, ni que las familias tengan que entregar un riñón a cambio de los libros de texto. Lo peor, lo que más me indigna, es que nos habéis roto la ilusión. Nos habéis sumido en una depresión colectiva.

Desayunamos con la crisis, aguantamos lo que nos echen en el trabajo para no perderlo, cenamos con las “black card” y dormimos pegados al desahucio.

Y todo esto, nos decías, lo hacíamos por España. Porque el país, según tú, lo necesita. Así que cogíamos aire temprano y aguantábamos la respiración, en vilo, hasta la noche.

Aunque no lo parezca, tengo el umbral de aguante muy alto. Igual que yo, muchos españoles que también las pasan de a kilo para llegar a fin de mes.

Pero resulta que mientras nosotros las pasamos putas, otros se enriquecen a costa de nuestro sufrimiento.

Hay tantos casos abiertos, tanto maleante, que los medios han publicado informaciones con el quién es quién en cada una de las tramas. Las autoridades ya no pueden inventarse más nombres para todos y cada uno de los tejemanejes ilegales que se han hecho.

No me digas ahora, Rajoy, que compartes nuestro “hartazgo e indignación”. Porque no es verdad.

Porque no creo que tu te marees en el supermercado para buscar la leche más barata. No creo que tus hijos hagan “la única comida buena del día” en un comedor escolar. Tampoco te veo remendando pantalones para ir a una entrevista de trabajo ni dejando tu casa porque no puedes pagar la hipoteca.

Nos pides perdón, es muy digno.

Y yo te respondo que lo siento, Rajoy, pero no puedo.

4 comentarios en “Lo siento, Rajoy, pero no puedo

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