Los tóxicos del amor

Los hombres tóxicos están por todas partes.

Son esos que son malos, malos a rabiar. Más malos que el malo de las películas (malas) que emiten a partir de las cuatro de la tarde, todos los sábados y domingos, en Antena 3.

Estoy segura de que, al menos, has dado con uno. Quizás con varios, si te cuesta escarmentar.

Normalmente, se presentan como caballeros andantes durante unos días (si tienes suerte, semanas). Después, de la noche a la mañana, se transforman en Satán.

Tu los llamas y ellos jamás responden. Y aquí te conviertes en la paloma de Skinner.

Sí, me refiero a ese Frederic Skinner que era un poco sádico y que revolucionó la psicología moderna. A uno de los “padres” del conductismo.

Ese hombre que tenía una caja en la que metía palomas (a veces ratones) para aislarlas y observar su comportamiento. Les puso una palanca que suministraba una bola de comida cada vez que la paloma la tocaba. Pero después, fue haciendo series más complicadas (por ejemplo, dos golpes en la palanca, una bola de comida o cinco golpes en la palanca para una bola). Finalmente, dejó a las palomas sin ninguna pauta para conseguir el alimento y las palomas, pobrecillas ellas, daban golpes a la palanca todo el día para conseguir una miserable bola de comida.

Pues esa paloma perdida eres tú, mujer, si crees que amas a un hombre tóxico. La palanca es el teléfono móvil y la miserable bola de comida, la voz de tu caballero andante.

Lo del teléfono es sólo la punta del iceberg. Porque el hombre tóxico, hasta ahora un gentil y apasionado acompañante, recordará tarde, mal y nunca que no está preparado para el compromiso

Y te lo dirá cuando menos te lo esperes. Será algo así como:

-Ya sabes que no me gustan las relaciones. Así que esto no es nada serio-.

O, simplemente, te presentará como una amiga a “su gente”. Sin tener en cuenta que tú, ilusa toda y entera, ya te estabas imaginando la boda de tus sueños. En un llagar llenísimo de sidra, por ejemplo.

Y cuento todo esto porque estoy harta de ver a mujeres estupendas sufrir por tóxicos. Lo más horroroso, es que ellas no se dan cuenta de que son estupendas porque el tóxico se ha encargado de decirles que no lo son.

Terminarán por dejarlas por otra, para la que no serán un tóxico y con la que se casarán. Esto es así desde que existe el mundo.

Lo sé porque yo también ejercí de paloma de Skinner durante unos cuantos años de mi vida.

Hasta que llegó el padre de acogida de Hache, el niño con súperpoderes. A partir de ahora, como ya hay confianza, puedes llamarlo el hombre mágico.

Me costó un montón reconocerlo, porque yo estaba ajada ya de tanto tóxico. Además, todo era tan calmado que yo no me creía que eso realmente fuera amor.

No es mi culpa, es culpa de Disney. Los señores de esa factoría de cuentos nos educaron en la certeza de que, antes de conseguir al príncipe, tendrás que pasar por mil obstáculos.

Pero resulta que no, que a veces el amor llega tranquilo. Sin sobresaltos y sin altibajos. Nosotros, el hombre mágico y yo, también nos merecemos un cuento.

Porque sabe mejor que nadie que, para mí, la felicidad son unas magdalenas en el desayuno (qué importa si se queman un poco) y una “Mongolia” un domingo cada mes. Gracias, hombre mágico.

FullSizeRender (3)

2 comentarios en “Los tóxicos del amor

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s