Óvulos en la nevera

Estimados señores de Apple, estimados señores de Facebook: gracias.

Por fin un empresario (o varios, mejor), ha tenido el valor de decirlo públicamente: “No quiero mujeres embarazadas pululando por esta, mi oficina”. Y lo han hecho por todo lo alto, oigan, anunciando a bombo y platillo que pagarán a sus empleadas la congelación de óvulos para que puedan posponer su maternidad.

Lo han vendido, eso sí, como si fuera la panacea. Como si fueran los redentores de la igualdad, los portadores de la piedra filosofal del feminismo. Dicen que hay pocas mujeres en Silicon Valley y que, con esta medida, quieren animar a las féminas a ocupar altos cargos.

Es lo más insultante que he escuchado este mes, y mira que Mónica de Oriol ya había puesto el listón muy alto.

Y es insultante porque los señores de estas dos grandes compañías, que acumulan millones y millones de ganancias cada día, están asegurando sin sonrojarse que una mujer no puede ser madre y ocupar un puesto con personas al cargo en su empresa. Apuesto lo que me pidan a que casi todos los jefazos de Facebook y Apple son padres de una prole. Digo yo que los hijos de jefazos de Apple y Facebook se quedarán en casa con la madre o, vete tú a saber, quizás con una nodriza.

Una empresa no puede permitirse el lujo de tener a una empleada con un bombo de siete meses que va continuamente a mear al baño. Lo mejor, según los señores de Facebook y Apple, es que la susodicha empleada tenga los óvulos en una nevera.

Con ese engorro ya fuera de la mente, podrá entregarles los mejores años de su vida. No levantará el culo de la silla con ruedas. Peleará con uñas y dientes para alcanzar a sus compañeros machos. Pero, por mucho que lo intente, no podrá llegar hasta donde ellos llegan.

Y esto es una verdad absoluta. Una mujer que grita en su puesto de trabajo, porque está hasta los mismísimos, es “emocional” y “muy impulsiva”. Dos adjetivos de los que se han apoderado algunos hombres para hacernos quedar como unas inútiles.

Si es el macho de la manada el que grita, sus compañeros lo definen automáticamente como “un tío con dos cojones”. Si van un poco más lejos, lo llamarán “un jefe con huevos”.

Y mientras el trabajador (o jefazo) tiene los huevos calientes encima de la mesa, la empleada tiene los ovarios congelados. Más pronto que tarde, la susodicha descubrirá que ha tirado diez años de su vida (quizás veinte) a la basura. Tiene una alta probabilidad de desarrollar alguna dolencia emocional. Si pide una baja por ansiedad será tratada, automáticamente, como una paria. El resto de sus días será calificada de “histérica” y tildada de “discapacitada” para ejercer.

Un hombre que no aguanta la presión, es digno de alabanza. Por muy mal que esté un macho de la manada, aunque requiera de una inyección de benzodiacepina diaria, guardará el respeto de sus compañeros y de sus jefes. Se le tratará con decencia y se le perdonará, porque necesita “el descanso del guerrero”.

Cuando terminé mis estudios yo era una persona mucho más ambiciosa. Creía, inocente de mí, que alguien me daría una oportunidad.

Estoy llegando a una edad peligrosa, en la que seguramente tendré que decidir si sigo machacándome para hacer felices a los que mandan o si opto por aumentar mi familia.

No me avergüenza decir que prefiero procrear. No dejaré mis óvulos en la nevera.

4 comentarios en “Óvulos en la nevera

  1. EVA dijo:

    Todo es muy triste. Muy triste.
    Cuando estudié en la universidad entendí que podía hacer cualquier cosa, que me podría desarrollar mejor o igual que cualquier compañero, ya que por habilidades estábamos muy muy a la par. Ascendí, y ascendí hasta llegar a ser responsable de 4 departamentos en 7 países… cumplí 31 y me quedé embarazada. El día de mi reincorporación en la empresa “.com” … a las dos horas de estar sentada en mi sitio… amortizaron mi puesto de trabajo, me quitaron el despacho, y me duplicaron objetivos con la mitad del mercado.
    Tarde 11 meses en encontrar trabajo. Hice 35 entrevistas. En 30 me preguntaron si quería tener más hijos en todas contesté lo mismo: “No”.
    Tras dos años, siendo madre ya, trabajando de 10 a 12 horas diarias, con viajes internacionales y asistiendo a lo que la señora Oriol llama ” la cerveza de después”… me quedo embarazada de mi segundo hijo.
    En ese embarazo vomito todos los días por cuestiones hormonales y la tensión la tengo en 8/5… yo sigo trabajando, hasta dar a luz.
    A los 46 días de haber dado a luz, esa gran empresa de renombre y “.com” me llama a una reunión, a la cual asisto con mi bebé. Y mientras que en recepción cuidan de ella… a mi me despiden otra vez amortizando mi puesto de trabajo.

    Obviamente no soy imbécil y negocie una salida acorde con la situación… pero para evitar que alguno piense que era una mala trabajadora o que vivia del cuento, tenia la mejor evaluación de desempeño de entre todos los directores. Así que una directora clasificada como “Exceed expectations” fue despedida en dos ocasiones por empresas “.com” nada más tener bebés.

    Esta es la realidad de algunas .com en España. Y decir que no elegí entre mi maternidad y mi carrera profesional. PORQUE ELIJO LAS DOS COSAS.

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