Las “WoW” de Bankia

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Lo confieso. Me vengo arriba con facilidad.

Es escuchar las palabras “descuento”, “ganga”, “oferta” o “dos por uno” y el dinero me empieza a quemar en el bolsillo.

No es de extrañar, por lo tanto, que tenga la cartera llena de tarjetas de descuento: la de “Sephora” y la de “Springfield”, aunque esta última no sé para qué sirve.

Tengo la de “FNAC”, la de “If” y la de “Bodybell”.

De todas las tarjetas, la reina de mi cartera es la “WoW” de Women’Secret. Le tengo especial cariño, y te voy a decir por qué.

Esta tarjeta te permite ahorrar un tanto por ciento en todas las compras y almacenarlo para futuras adquisiciones. Si ahorras lo suficiente, algún producto te puede salir gratis.

El año pasado yo conseguí unas bragas de algodón sin pagar ni un duro. Y fui muy muy feliz.

Si la tarjeta “WoW” de Women’Secret me da estas satisfacciones, no sé qué sentiría yo con una “black card”, una “tarjeta opaca”. A partir de ahora, porque yo la rebautizo, también denominada la “WoW” de Bankia en España.

La “black card” existe. En el mundo de los que se limpian el culo con billetes de quinientos euros, se llama “la centurión”. Es una tarjetita reservada sólo para los ricos muy ricos, así que ni tu ni yo la vamos a ver en la vida, y permite una serie de privilegios a sus portadores.

En España, porque somos así, hemos conseguido darle una vuelta de tuerca a la funcionalidad de la tarjeta. Resulta que Rodrigo Rato, Ildefonso Sánchez Barcoj, Miguel Blesa… Y, suma y sigue, hasta una lista de ochenta y siete consejeros y altos cargos de Caja Madrid (luego Bankia) se hicieron con una de esas tarjetas. Pero tenían una peculiaridad: el dinero se cargaba a los fondos de la entidad bancaria.

El destino de esas “WoW” de Bankia era, en un principio, laboral: comidas con clientes, gastos en encuentros con nuevos socios… Pero no, porque en España somos así. En total, los ochenta y siete consejeros y altos cargos dilapidaron más de quince millones de euros en gastos PERSONALES.

“Estos del PP…”. Sí, la mayoría de los involucrados son del partido que sustenta el Gobierno central, pero no os escondáis los del fondo ni los de la izquierda. También hay implicados del PSOE y de IU.

Las “WoW” de Bankia se convirtieron en una especie de “todo incluido” para la vida de estos señores y estas señoras. Cargaron sus compras en el Mercadona, pagaron sus nuevas corbatas en El Corte Inglés, fueron a restaurantes caros y no tan caros (hay algún cargo al merendero Yoli de Gijón)… También sacaron dinero en efectivo, unos dos millones de euros.

La historia ya es patética, pero es que aún hay más. Mientras que esos ochenta y siete desgastaban las tarjetas, que ya casi estaban grises de tanto uso, el banco se hundió.

¿Y quién lo tuvo que rescatar? Pues una menda, y el resto de españoles que se vienen arriba cada vez que les regalan unas bragas de algodón.

Es indignante, es vergonzoso y dan muchas ganas de salir a la calle y ponernos a quemar cosas. Pero no podemos, señores y señoras, porque las cosas que hay en la calle también las hemos pagado nosotros.

En España, hasta que llegó la crisis, había poca conciencia de lo público. Todavía ahora, hay quien se entera de estas noticias y no asume la gravedad porque no llega hasta el final. Porque no se da cuenta de que ese dinero, el que salía de las “WoW” de Bankia, lo hemos terminado por pagar de nuestro bolsillo.

Muchos dicen “estos cabrones, lo que robaron”, sin darse cuenta de que la afirmación más correcta sería “estos cabrones, lo que NOS robaron”.

Pasa lo mismo con los españoles de a pie; en los casos de bajas por enfermedad que no son tales, o en los rodeos que dan algunos para lograr una prestación social de la que no son merecedores.

Los españoles aún lo seguimos contando, cada vez menos, a nuestro entorno:

“No, es que yo puse aquí que estoy al paro y lo de pintar las casas lo hago en negro, y entonces me dan una prestación de cuatrocientos euros”.

“Me dan” no, está mal expresado. Si se lo estás contando a un amigo que paga religiosamente sus impuestos, puedes decírselo claro: “Me dais”.

Pero reconozco que, en estos casos, cuando son los propios españoles los que estafan al sistema yo lo perdono con mayor facilidad. Prefiero que un amigo cobre en negro, aunque yo esté pagando religiosamente mis autónomos, a que se lo regale a unos representantes capaces de fundirlo sin miramientos en Mercadona y donde toque.

En otros países no pasa lo mismo. Lo sé desde hace tiempo, mucho antes de que Jordi Ébole lo contara en Salvados. Tengo amigos en el Reino Unido que dejarían que les subieran los impuestos sin mostrar ninguna oposición.

¿Por qué? Porque saben que esos impuestos se destinarán a que sus hijos tengan unos pupitres mejores, unos libros de texto más claros o a que ellos puedan disfrutar de una baja por maternidad / paternidad durante más tiempo.

Si te suben aquí los impuestos es porque las “black card”, las “WoW” de Bankia, ya no funcionan. Somos reticentes porque se lo merecen, porque no han hecho nada para ganar nuestra confianza. Y porque cada día la pierden más.

No entiendo qué educación les han dado.

A mí me daría muchísima vergüenza haber quebrado un banco con gastos en caprichos.

Y me daría más vergüenza, aún, saber que los españoles tuvieron que rescatar a la entidad bancaria.

Unos españoles que, en muchos casos, ya estamos tan hundidos que nos emocionamos con unas bragas de algodón gratis.

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