El buen rollo de hacerse rico

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Si yo me estuviera haciendo rica también destilaría buen rollo por cada poro de mi piel, como hace la empresa Mr Wonderful.

Para los que no los conozcáis, Mr Wonderful son una compañía que se dedica al diseño de cosas muy “molonas”.

Y sí, son muy “molonas”. ¿Para qué nos vamos a engañar?

Venden tazas, papelería, menaje, láminas, agendas… De todo, como en botica.

Todos los productos están decorados con diseños simples, letras redondeadas y frases de optimismo power. Algunas, sirva como ejemplo “Si puedes soñarlo puedes hacerlo”, son frases carpeteras de los años noventa.

Reconozco su mérito. Han dado una vuelta de tuerca al diseño y lo han adaptado a la crisis. Se han erigido como caballeros andantes del buen rollo, combatientes del pesimismo general.

Ni que decir de su campaña de marketing, de su uso de las redes sociales… Todo espectacular.

Hasta aquí, todo bien.

Lo que no mola tanto, lo que a mí personalmente me parece escandaloso, es el precio de sus creaciones.

Un clasificador te sale por el módico precio de 8,95 euros (más gastos de envío si lo compras en su página web).

Eso sí, no es un clasificador al uso. Según reza en el frontal, es un “Clasificador con súperpoderes para decirle adiós al desorden”.

Venden una carpeta, una “Carpeta con súperpoderes para que no se me pase ni una”, por 9,95 euros (más gastos de envío).

Yo tengo una parecida, que me compré en los chinos (no sé si tendrá súperpoderes), y se me quedó en 3 euros.

Cada empresa pone el precio que quiere a sus productos y el consumidor puede elegir si los compra o no los compra.

Lo que me revienta, es que Mr Wonderful juega con los sentimientos, con el desánimo general.

A cambio, la compañía crece y prospera.

Antes de escribir esta entrada, dediqué un rato de mi vida a documentarme y a observar lo que se ha dicho hasta ahora sobre esta factoría de “cosas buenas que te van a pasar en la vida”.

La mayoría de los textos hablan de la empresa, formada según parece por un matrimonio feliz (digo yo que se alegrarán aún más cuando ven la cuenta bancaria), en términos de superación, buenas ideas, emprendimiento.

Comparto y subrayo todas esas afirmaciones, pero me sigue reventando el desmesurado precio de sus objetos “súperpoderosos”.

Y, reitero, no me parece justo cómo consiguen empaquetar los productos a su público objetivo. Porque juegan con su desilusión y su desgana.

También me ha llamado muchísimo la atención que tienen una banda de palmeros fieles. Que los siguen hasta donde haga falta. Que critican a la gente que se atreve a dudar de la relación calidad-precio de la oferta molona.

Por si alguno de esos palmeros llega a esta página y quiere llamarme envidiosa: “Sí, me dan mucha envidia. Sobretodo me da envidia el sueldo que seguramente tendrán ellos y todos sus creativos”. Fin de la cita.

Y además, y esto ya me ha dejado ojiplática, resulta que una gran parte de los diseñadores gráficos de España les hacen la pelota. Dicen cosas como “los chicos de Mr Wonderful son más modestos que nadie”. ¿Basándose en qué? No tengo ni la más remota idea, ya que los precios de las tazas son de todo menos humildes (unos 13 euros más gastos de envío).

Y aquí, en este punto, tengo que hacer una confesión. El año pasado, en un momento de abatimiento laboral, yo me compré una agenda de Mr Wonderful.

La portada reza “Haz que cada día merezca la pena”. La compré porque necesitaba una inyección de buen rollo. La emisora de radio para la que trabajo había decidido recortar el número de crónicas a los corresponsales, y mi sueldo se iba a reducir (una vez más) en casi el diez por ciento.

Sí, era libre de comprarla o de no comprarla. Pero reconozco que la agendita me dio tanto buen rollo que salí de la tienda con la susodicha y con (creo recordar) quince euros menos en la cartera.

También tengo dos tazas y un bloc muy bonito, que me compraron mis amigas cuando me fui a vivir con el hombre de mi vida.

El susodicho hombre de mi vida, un día que estaba yo muy abatida por un curso de escritura que me resultaba imposible, me regaló una goma “con súperpoderes” (creo que a 8 euros la broma) y un set de tres lápices, también súperpoderosos y súper caros.

Desde aquí os lo digo, alto y claro: No más Mr Wonderful en mi vida. Me da igual que me suban el IVA, que me bajen el sueldo o que el hombre de mi vida decida abandonarme por una mujer más joven y más esbelta.

Si quiero buen rollo, ya me lo buscaré yo a mi manera.

Ya me emborracharé a gin tonics.

2 comentarios en “El buen rollo de hacerse rico

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