La familia en la reserva

Creo firmemente que, a lo largo de la vida, te vas haciendo con más y más familias. Naces en una que, si tienes suerte, te acompañará buena parte de tus días en la tierra y luego vas conociendo círculos de gente que te calan en el alma. Que te hacen sentir llena , que te ayudan a aguantar los golpes. Sin esas “microfamilias”, nadie resistiría los malos ratos.

Os voy a contar cómo conocí yo a una de esas “microfamilias” más allá del túnel del Negrón.

Fue en el año 2008. Yo acababa de llegar de Grecia con el alma en un puño. A un desengaño amoroso, se sumaba el abandono trágico de un país que me encantaba. Me costó sudor y lágrimas (literalmente) abandonar la siempre viva Atenas. Volví a casa y, lo reconozco, Asturias se me antojaba fría y triste.

Estuve en la cama llorando cinco días. Tapada hasta la cabeza y sin ganas de ver a nadie.

Llámalo Dios, karma, Ala, justicia o destino pero, tras esos cinco días de oscuridad, recibí una llamada para un trabajo por el que ya no esperaba.

Me parecía un reto difícil. Era un puesto en la central internacional de reservas de una empresa de turismo: Transhotel.

A duras penas, y casi en estado de shock, acepté. Mi padre me llevó a Madrid y me acompañó hasta la habitación de un piso compartido que había conseguido, en un par de horas, a través de la página web de una conocida empresa inmobiliaria. Cuando me despedí de él, volví a mi estado vegetativo.

Me tapé con las mantas hasta la cabeza y empecé a llorar. Era un lunes y tenía que incorporarme de miércoles.

La primera vez que entré en la oficina sentí un mareo. Había mucha gente hablando por teléfono, unos en inglés, otros en francés, y se escuchaba de vez en cuando alguna frase en italiano. Yo me senté en el sitio que me asignaron y no hablé con nadie en toda la mañana, salvo contadas palabras con la chica encargada de mi formación (María).

Puedo recordar el momento exacto en el que salí de mi letargo y volví a ser yo misma. Eran las cuatro y seis minutos, lo sé porque miré el reloj para no perderme ese momento de mi vida. Estaba en la cola de la cafetería, esperando para pagar, y un compañero se dirigió a mí en inglés.

Yo respondí en castellano, con acentazo asturiano, y el se quedó ojiplático:

-Pensé que eras irlandesa, ¿No te llamas Karen?

No sé por qué me hizo tanta gracia, pero recuerdo que me estuve riendo a carcajadas un buen rato.

No tardé en percibir la humanidad que se respiraba en aquella empresa.

Sí, todo el mundo tenía muchas cosas que hacer. De vez en cuando, se escuchaban gritos al teléfono contra alguna “agenciera”. Pero siempre había un momento para sonreír y guiñar el ojo al compañero de al lado. Para darle una palmada en la espalda, para decirle lo guapo que estaba.

No tardé en comprender que aquellos chicos y chicas, mujeres y hombres, que me rodeaban iban a ser mis amigos. Y lo fueron, vaya si lo fueron.

Miguel se convirtió en algo así como un hermano mayor más allá del Negrón. Todavía me río cuando recuerdo cómo escondía la cara entre las manos para evitar que le diera besos. Cuanto me costó despedirme de ti, Miguel, y cuanto disfruto cada vez que te vuelvo a escuchar.

También me encanta recibir noticias de Lorena. La que siempre estaba sonriente y con ganas de fiesta por Sanse o por donde tocara. Compañera fiel, capaz de levantar el ánimo a cualquiera. Formabas un tándem perfecto con Nely: más pausada, pero igualmente sociable y atenta cuando alguien tenía un problema.

¿Y qué decir de mi Claudia? Claudita, compañera de piso cuando cambié de habitación a mejor. Esas confidencias a media noche, esos cigarros casi a escondidas. Noches de fiesta y de confesiones, días de risas y de penas. Qué fácil era salir de casa por la mañana cuando iba contigo en el metro.

Las tardes en Transhotel no habrían sido lo mismo sin el humor socarrón de Rafa. Sin esa ironía castiza, sin esa media sonrisa que siempre te hacía dudar. Has sido papá hace poco, el Facebook me lo chiva todo. Sé que lo estás haciendo fenomenal.

También me he enterado de que Fátima, mi Fátima, ha sido madre. En dos ocasiones. Seguro que es una mamá excelente, porque da unos abrazos capaces de reconfortar a la persona más hundida del planeta. Elsa es excelente, y sé que ha convertido a su niña en toda una mujercita. “Parece que sales de una película de Tim Burton”, me decías cada vez que entraba por la puerta quitándome la bufanda para fichar a toda prisa.

Y todo el departamento se reía. Erais tantos y tan buenos… Clara, Tito, Jorge, Johanna, Jose, Silvia, Asun, María. Y no sigo, porque sé que me olvido de muchos. Después de mí llegaron Jessica y Leandro. Los dos con una sonrisa que te cambiaba el día a mejor.

Y qué decir de las “súper”: Adriana, Silvia e Isa. Me enseñasteis muchísimo. Sois un referente y, si algún día tengo personas al cargo, seré como vosotras. Más cariños que reproches, siempre motivando, ayudando, aplaudiendo. Esas gominolas de Adri a media tarde, ese gesto cariñoso de Silvia, esa defensa a ultranza de Isa hacia los trabajadores.

Son días difíciles para muchos de vosotros. También para mí. Hoy, a través de un WhatsApp, supe que la empresa ha presentado un pre concurso de acreedores. Se me hace imposible imaginar la enorme oficina de Transhotel sin su ajetreo, sin sus risas y sin su torre de Babel al teléfono. Puedo suponer lo triste que está siendo para vosotros, pero quiero que sepáis que todo va a ir bien.

Sois grandes, porque sólo la gente grande puede cambiarte la vida. A mí me la cambiasteis, a muchísimo mejor. Me distéis ánimos y me ayudasteis a que volviera a amar a mi siempre “guapa” Asturies. Me costó decir adiós y, aunque no lo creáis, pienso mucho en vosotros.

Guardo como oro en paño la tarjeta que me disteis en mi despedida. Firmada por todos, con palabras de cariño, de buenos y sinceros deseos. Me dijisteis adiós con un aplauso y yo hoy os devuelvo una ovación.

Os irá bien, porque a la gente buena le pasan cosas buenas. Será en Transhotel o será en cualquier otra parte, pero todos vais a seguir un largo y exitoso camino.

Os deseo lo mejor, porque sois mi familia en la reserva.

2 comentarios en “La familia en la reserva

  1. Fátima dijo:

    Carmenchu de mis amores!!!! Me han emocionado muchisimo tus palabras… Joo perdí tu contacto. Voy a intentar conseguir tu número de tlf. Mil besos. Y muchas gracias por estás palabras y por tu apoyo

    Me gusta

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