Y en 2016…

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Conocí otra vez la desilusión. Recibí besos que me quitaron el aire. Aguanté un golpe que me quitó las ganas. Viví dos despedidas que me abrasaron. Me consolaron con mil abrazos.

Encontré gente que traiciona. Los que buscan cuando necesitan y rechazan cuando tienen. Y viví una caída dura. El dolor. Y la alegría porque todo salió bien. Admiré, una vez más, la fuerza de mi madre.

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50 cosas sobre mí (y 10 cosas que sé de Hache)

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El año pasado, por esta fecha más o menos, un post de este blog se hizo viral. Muy, muy viral.

En dos días, tuve una barbaridad de visitas. Personas que pasaron por aquí, leyeron UNA ÚNICA ENTRADA y se hicieron una idea general de quién era yo.

Algunos me halagaron, pero la mayoría me pusieron como un trapo en las redes sociales. Lo llevé un poco mal, pero sobreviví. 

Lo mejor de todo, es que hubo algunas personas que se quedaron. No fueron muchas, sólo unos diez o así. Se convirtieron en suscriptores de honor, de esos que te leen de verdad y te sugieren, te animan a que publiques…

Una de esas personas, que además no lo está pasando bien, el otro día me dijo que hiciera un “50 cosas sobre mí”. Me divierte mucho leerlos pero, la verdad, me ha dado un poco de apuro escribirlo. No es el tipo de post que suelo publicar, pero aquí va.

Y como este blog no sería nada sin el niño con superpoderes, también hay 10 cosas que sé de Hache. Cuando él venga en Navidad, espero que pueda contaros alguna más.

Por cierto, he nominado para hacer este reto a la familia youtuber que más me gusta en el mundo. Su canal es igayosoVlogs, os animo a que os paséis!!!

“5o cosas sobre mí” que no sabéis.

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Héroes

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Cuando Hache, el niño con superpoderes llegó a nuestra vida, yo no creía en los héroes. Había perdido la fe en la bondad y hacía tiempo que no escuchaba las promesas. Nadie las cumplía.

Y mira que me había costado dejar de creer en las personas.

Nací en un pueblo pequeño que no es un infierno grande. Todo el mundo se conoce y la palabra es sagrada. Si caes y te abres una brecha en la cabeza, tienes al momento a veinte vecinos limpiándote la sangre. Nadie se marea cuando otro está sufriendo.

Fui a un instituto en el que, que yo sepa, nadie hacía bullying. Os prometo que, hasta los más macarras, eran buena gente. De verdad. No recuerdo haber visto a ningún chaval en situación de desamparo. Había broncas e insultos, sí. Pero solíamos arreglarlo en el patio.

Un instituto “de pueblo”, en la mejor de las acepciones que puede tener “de pueblo”.

Reconocí la misma bondad en los compañeros que tuve en la universidad. Y mantuve la fe, incluso, cuando las cosas se pusieron más serias.

Pero, si algo tuvo de horrible mi vida adulta, fue tener que aprender a hostias lo que no había aprendido yo por las buenas: que no hay héroes.

No. Sufrí durante muchos años. Hasta que acepté que yo había sido una niña y una chica con muy buena suerte.

Y que, ya ves, la vida está plagada de hijos de puta personas no tan buenas como las que yo había conocido.

Fue un aprendizaje duro. La asignatura que más se me atragantó. Con temarios complejos como “los buenos no son tan buenos” o “todo lo que le digas podrá ser utilizado en tu contra”.

Nadie me había hablado de la “agenda oculta”. Una agenda oculta es ese conjunto de ambiciones que (casi) todos tenemos. La escondemos todos los días para que nadie se entere de lo que hay ahí escrito.

Esa agenda oculta es la que decide las acciones de las personas. Cuando te domina, cuando escribes más de lo que deberías, te conviertes en el hermano trasnochado de Alex DeLarge.

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Yo no la tenía entonces y creo que ahora tampoco la tengo. Porque en mi educación nadie me habló de la agenda oculta y no acostumbro a esconder ambiciones. A mí me enseñaron que esfuerzo=resultado.

Pero, después de haber jugado en La Arena de “Los Juegos del Hambre”, descubres que no. Que esfuerzo=resultado o esfuerzo=sigue chupando rueda.

El descubrimiento de que en el mundo hay muchos hijos de puta personas que no son tan buenas como las que yo había conocido, de la agenda oculta, de La Arena de “Los Juegos del Hambre” y de unos cuantos hermanos trasnochados de Alex DeLarge, me habían convertido en una persona completamente distinta.

Así que ahí estaba yo. Sin una pizca de fe ya en la humanidad. En el aeropuerto, esperando a que llegara un niño en un avión desde Oriente.

Y fue la espera más larga y más corta de mi vida.

Larga porque entonces se me hizo eterna. Corta porque ahora sé que lo que estaba por llegar era demasiado bueno para hacerlo con prisas.

Llegaste, Hache, y nos desarmaste.

Porque tú conoces la peor de las agendas ocultas que puede tener una persona. Y, aún así, respiras.

Porque tú llevas toda tu vida en la puta Arena, y sigues en pie.

Porque tú has visto más hermanos trasnochados de Alex DeLarge de los que veré yo en mi vida. Y no les tienes miedo.

Has pasado por lo peor. Y siempre sonríes.

Es el Día Universal del Niño. Y yo sólo veo un niño en el universo.

El mejor, el que me hizo volver a creer en las personas.

El héroe de esta historia.

 

Una foto

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Hoy he encontrado una foto. Estaba publicada en un Myspace muy súper vergonzoso que no consigo borrar.

Sí, yo ya era una máquina de publicar cosas vergonzosas en Myspace. Esto no es nuevo.

También en Fotolog.

Y tenía un blog muy cuqui en el que explicaba todo lo que vivía yo por UK. También era súper vergonzoso (marca de la casa). Terminé por borrarlo, tonterías de la vida, porque nadie sabe lo bien que me lo pasaría yo ahora releyendo aquellas idas y venidas de mis años abroad.

De vuelta a la foto. Estoy con Luci y Alex, dos grandes amigas entonces y dos grandes amigas ahora. Súper sonrientes (yo más que Luci, y Luci más que Alex). Yo acababa de llegar de Grecia y ellas compartían una casa muy apañada (lo mejor, una plaza rodeada de sidrerías a cinco pasos de distancia).

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Cerdos

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Cerdos, degenerados, asquerosos, criminales y… Mucho más. 

Integrantes de los chats “Manada”, “Veranito” y “Peligro”… Y sólo dios sabe cuántos chats y “Manada”, “Veranito” y “Peligro” más.

Seres no humanos capaces de drogar a una mujer, sobarla hasta los intestinos, abandonarla en medio de la nada.

Capaces de violar entre cinco a una en San Fermín . Y, los otros, dispuestos a reír la gracia.

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No seré cursi

No seré cursi. Lo voy a intentar fuerte.

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Pero es que, cuando hablo del niño con superpoderes, se me va la mano. Los hay que me perdonan el atracón de azúcar que vierto en cada letra. Y los hay que no.

No seré cursi porque no lo he sido en todo el verano. Ciñéndome a la verdad estrictamente, he pecado de poco cursi.

Me he pasado varias semanas de mi vida rogando por un poco más de libertad.

Que sí, que quiero mucho al niño con superpoderes, pero es que me apetecía hacerme un selfie sola. Sentarme a ver “Crímenes imperfectos” cada mañana de descanso. Ir de sidras. Comprar más shorts. Ir al cine. Acurrucarme en el sofá.

A esa ansia de libertad mía se unió el hecho irrefutable de que Hache, el niño con superpoderes está ya cerca de ser el Hache, el adolescente con megahormonas. Y no pinta bien: pinta que será el típico adolescente que te dice que llega a las 12 y llega a las 2. El que te trae a los colegas a casa y se tira cinco horas sin pestañear frente a la XBOX. Pinta que se va a enamorar de alguna zagala que me lo va a desequilibrar.

Vamos, que pinta que será como yo (cambia XBOX por “Friends” y zagala por zagal).

A mediados de agosto, sufrí una taquicardia con un “Muy buenas, criaturitas del señor” de El Rubius. Invitado estrella este año, aquí, en nuestra santa casa. Atrás nidito de amor hipster. Mucho mucho atrás, lugar de peregrinación para muebles cucos sin miedo a un ataque de Choco Krispies.

Así que con este baile hormonal del niño con superpoderes a la comparsa  de mis ganas de ver “Crímenes imperfectos”, no me extraña nada que yo misma relegara el blog a un segundo  cuarto plano.

No seré cursi, voy a ser realista. Hubo días de auténtica pereza, de verdad. De preguntarme si yo podía hacer esto. Si los cálculos no me habrían fallado. Si yo, a mis supertiernos 35, estaré preparada para educar a un chaval de 15. Y no un chaval cualquiera, un chaval con superpoderes.

No hubo (que os veo venir desde lejos) ningún arrepentimiento, ni una sola duda sobre la presencia del niño con superpoderes (coming soon adolescente con megahormonas) en esta casa que, ahora, también es su casa. Para lo que quiera.

No seré cursi, sólo un poco. Hache, no ha sido el verano más fácil. Sí ha sido, como siempre, el mejor verano del mundo. Te prometo que somos tu familia cuando quieras. Y mira que yo bebo a tragos largos y camino con pasos cortos para no tener que prometer.

Será que pocas promesas me han cumplido. Será que cada vez que escucho un “te lo prometo” algo se me rompe dentro, porque las palabras duran nada.

Yo sí la voy a mantener. Porque tú, Hache, eres mi única promesa.

No seré cursi.